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Conferencia dictada en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, Miraflores, Lima, 23 de febrero de 2017.

         mgA mediados del año 2016, el Dr. Julius Garvey presentó ante el Ministerio de Justicia de Estados Unidos una petición de perdón presidencial póstumo para su padre, el líder panafricano Marcus Garvey. Acusado en 1923 de fraude postal, Marcus Garvey fue juzgado y condenado a cinco años de cárcel. En 1927, y ante una fuerte presión popular, el presidente Calvin Coolidge conmutó la pena de Garvey, quien fue liberado y expulsado de Estados Unidos. La acción de Coolidge dejo intacta la condena a Garvey, de ahí el interés del hijo en limpiar su nombre.

A pesar del apoyo brindado a esta petición tanto de instituciones como de personas vinculadas a la lucha por los derechos de los afroamericanos, y para sorpresa de muchos, Obama no perdonó póstumamente a Garvey. Qué llevó al primer presidente afroamericano de Estados Unidos a ignorar a quien Martin Luther King identificó como “the first man on a mass scale and level to give millions of Negroes a sense of dignity and destiny. And make the Negro feel he was somebody”, es una pregunta que no podemos responder.

Lo que sí podemos hacer esta noche es rescatar el papel que jugó Marcus Garvey en el desarrollo de la lucha de los afroamericanos por la igualdad y la dignidad. Para ello responderemos a cuatro preguntas: Primera, ¿quién fue Marcus Garvey? Segunda, ¿cómo explicar el éxito del movimiento que lideró? Tercera, ¿cuáles eran sus propuestas e ideas? Cuarta, ¿qué papel desempeñó en la lucha de los derechos de los afroamericanos?

Garvey nació en Jamaica en 1887 en el seno de una familia trabajadora y numerosa. Su padre era cantero y su madre empleada doméstica. El acceso a la biblioteca de su padre alimentó su curiosidad desde muy niño. A los catorce años ya era aprendiz de impresor. Para 1907, y con solo veinte años, era uno de líderes del sindicato de impresores en la ciudad de Kingston.

La formación política de Garvey estuvo marcada por sus viajes. Como muchos otros hijos negros del Caribe inglés, emigró a Centroamérica y se estableció en Costa Rica en 1910. Allí conoció la discriminación, la miseria, el hambre y la explotación en que vivían los negros que trabajaban para la United Fruit. Esta corporación estadounidense, también conocida como el Pulpo, se dedicaba a la producción y comercialización de frutas, especialmente plátanos o bananos, y ejercía un enorme poder e influencia en toda la en la región centroamericana.

El poder de la United Fruit no intimidó a Garvey, quien, aprovechando su experiencia gremial, buscó organizar a los trabajadores bananeros en un sindicato. Fundó, además, el periódico La Nación, para denunciar la crueldad y la explotación que sufrían los migrantes negros. Sus actividades no pasaron desapercibidas por las autoridades costarricenses, que le expulsaron en 1911.

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Tras una breve estadía en Jamaica, viajó en 1912 a Inglaterra. En la metrópoli asistió al Birkbeck College de la University of London y trabajó en dos periódicos panafricanos, The African Times y el Orient Review. Regresó a Jamaica en 1914 y fundó la Universal Negro Improvement Association (Asociación Universal de Desarrollo Negro, UNIA) con el objetivo de unir a todos los negros del mundo para convertirles en un pueblo soberano con un estado-nación en el continente africano. Esta organización se convertirá en el grupo nacionalista negro con el mayor número de integrantes de la historia. Se calcula que en la década de 1920 la UNIA contaba con más de mil sucursales a nivel mundial. De éstas, 270 estaban ubicadas en África, el Caribe y América del Sur; el resto en Estados Unidos. Ningún área con una población negra significativa carecía de una sucursal de la UNIA.

En 1916 se radicó en Nueva York, donde desarrolló una intensa labor organizativa, que tuvo una gran acogida entre la población afroamericana. Es en Estados Unidos que la UNIA se convirtió en un movimiento de masas. Establecer el tamaño de su membresía no es tarea fácil. Garvey llegó a reclamar seis millones de miembros a nivel mundial, lo que podría ser un número exagerado. Lo que resulta indiscutible es que contaba con millones de miembros a nivel global. Podríamos tener un idea de su tamaño si tomamos en cuenta la celebración de la primera “UNIA International Convention of the Negro People” en 1920. Durante un mes, 25,000 delegados de todas partes del mundo se reunieron en el Madison Square Garden para discutir los problemas de la raza negra. Durante ese mes la UNIA celebró grandes marchas por las calles de Nueva York con la participación de la African Legions y las Black Cross Nurses. Ambos eran grupos auxiliares de la UNIA, el primero era un grupo paramilitar y la segunda era un cuerpo de enfermeras creado a semejanza de la Cruz Roja. La convención culminó con la aprobación de la Declaration of the Negro Peoples of the World.

El éxito de su discurso inflamatorio llamó poderosamente la atención de las autoridades estadounidenses, especialmente, del Bureau of Investigation, que más tarde será conocido como Federal Bureau of Investigation o FBI. Creado en 1909 por el Secretario de Justicia Charles Bonaparte, el Bureau of Investigation atendía temas estrictamente nacionales, como el fraude, el radicalismo y el robo de bancos.

La división de inteligencia del Bureau, dirigida por Edgar J. Hoover, infiltró a la UNIA y fabricó un caso legal en contra Garvey con pruebas y testigos cuestionables. El objetivo del Estado era claro: acabar con un movimiento que consideraban radical descabezándole. Garvey fue encarcelado en la penitenciaria de Atlanta, donde estuvo preso casi tres años hasta ser liberado y deportado a Jamaica en noviembre de 1927.

De regreso a su patria, Garvey continuó con su campaña a favor de los negros, pero su encarcelamiento y deportación afectaron negativamente a la UNIA. En Jamaica enfrentó la animosidad de las autoridades coloniales británicas, que no veían con buenos ojos su presencia en la isla. En 1929 fundó el People´s Political Party, el primer partido moderno en la historia jamaiquina. Seis años más tarde se estableció en Londres, donde murió en 1940.

¿Cómo explicar el éxito de Garvey, especialmente, en los Estados Unidos? Para ello es necesario enfocar el contexto histórico en el que su mensaje se desarrolló.

En las primeras décadas del siglo XX, los pueblos negros enfrentaban serios problemas ante la supremacía global del occidente blanco. El imperialismo moderno se encontraba en su mayor momento de auge. África había sido sometida y era explotada por las fuerzas coloniales europeas. Sólo Liberia y Etiopía habían escapado de la labor civilizadora del hombre blanco.

En Estados Unidos, los afroamericanos enfrentaban condiciones muy difíciles desde finales del siglo XIX. Tras el fin de la guerra civil, éstos disfrutaron de un corto periodo de libertad e igualdad. Durante este periodo, conocido como la Reconstrucción, ciudadanos afroamericanos llegaron ser electos alcaldes, gobernadores y legisladores, tanto estales como federales. Sin embargo, a finales de la década de 1870, los negros habían perdido sus derechos políticos gracias al desarrollo de un sistema de segregación racial conocido como “Jim Crow”. Fueron creados mecanismos legales para negar o limitar el derecho al voto de los afroamericanos y marginarles social y económicamente. Con el fin de separar las razas, se aprobaron leyes segregando racialmente las escuelas, los parques, y hasta las fuentes de agua. Los matrimonios entre blancos y negros fueron declarados ilegales en varios estados de la Unión. En 1896, la Corte Suprema sancionó la segregación racial en una de sus decisiones más controversiales. En “Plessy v. Ferguson” la corte determinó que era constitucional la separación de las razas si la forma de alojamiento, transporte, etc. no variaba. Nació así la doctrina del “separate but equal” que sobreviviría hasta la década de 1950.

Los afroamericanos no sólo fueron arrebatados de sus derechos políticos, segregados y marginados, sino también fueron víctimas de la violencia racial. Entre 1880 y 1920, miles de ellos fueron linchados por el mero hecho de ser negros. Durante este largo periodo, el gobierno federal dejó abandonados y sin protección a miles de sus ciudadanos negros.

Las oportunidades de mejora económica provocadas por la primera guerra mundial produjeron una gran migración de afroamericanos. La escasez de mano de obra en fábricas y otras empresas que produjo el estallido y entrada de Estados Unidos a la hecatombe europea, generó oportunidades de trabajo para miles de afroamericanos. Entre 1914 y 1920, entre 300,000 y 500,000 afroamericanos emigraron de las zonas rurales del sur a las ciudades del norte.   Varias ciudades industriales del norte vieron crecer su población afroamericana de forma impresionante. Por ejemplo, en Chicago la población afroamericana creció un 150%, es decir, unas 65,000 personas. Detroit es otro caso impresionante, ya que su población negra creció un 600% con la llegada de unos 35,000 afroamericanos. Para 1930, el 49% de la población de Manhattan era negra.

El parentesco y el sentido de comunidad jugaron un papel muy importante en el desarrollo de esta migración masiva. Afroamericanos residentes en el norte propagaron las noticias sobre las oportunidades de trabajo que llevaron a miles de negros a abandonar lo que había sido su hogar para aventurarse en un territorio nuevo y desconocido. Iglesias, clubes, logias y otras organizaciones afroamericanas patrocinaron la emigración de los negros sureños. La violencia racial de que eran objeto los negros en el sur −en especial, los linchamientos−, la pobreza en que vivían, la falta de oportunidades, los bajos sueldos y otros factores les empujaron a esta aventura.

El arribo de miles de negros provocó serias tensiones raciales en el norte. La violencia racial fue común, en especial, los motines. Por ejemplo, en julio de 1917, una turba de blancos enfurecidos atacó a ciudadanos afroamericanos, matando unas 200 personas en la ciudad de East St. Louis, en el estado de Illinois. Los recién llegados descubrieron que el hecho de haber salido del sur no les libraba del prejuicio racial y la segregación, como tampoco de la violencia. Las uniones obreras se negaron a aceptarles como miembros y se les negaba acceso a restaurantes, escuelas, etc. Esto llevó a algunos negros a plantearse el retorno a África como la única salida para los problemas que enfrentaban.

La guerra permitió que miles de afroamericanos se incorporaran a las fuerzas armadas, donde también fueron víctimas del racismo y la discriminación. Se les organizó en unidades racialmente segregadas al mando de oficiales blancos y se les prohibió ingresar a la Infantería de Marina y a la Guardia Costanera. El Ejército y la Marina relegaron a los afro-americanos a trabajos en las cocinas, las lavanderías, etc. Cientos de soldados negros sufrieron los abusos y maltratos de sus superiores, sobre todo, de los oficiales sureños. Además, sufrieron la hostilidad y el racismo de los soldados blancos.

Sólo uno de cada cinco de los 200,000 soldados negros que fueron enviados a Europa vio acción. Las unidades afroamericanas que sí pelearon lo hicieron con distinción y fueron condecoradas por el gobierno francés con la Croix de Guerre por su valor.

Haber participado en una guerra defensa de su país generó grandes expectativas entre los veteranos negros, quienes esperaban recibir un trato más justo de su sociedad. Desafortunadamente, sus expectativas no se cumplieron, pues a su regreso continuaron siendo víctima del racismo, la discriminación y la violencia. La presencia de los veteranos negros fue vista como una amenaza   a la supremacía blanca y más de uno fue linchado o quemado vivo con su uniforme. En 1919, durante el llamado “Red Summer”, la violencia fue generalizada con 89 linchamientos y 25 motines raciales en un periodo de siete meses. El peor de estos motines duró trece días en la ciudad de Chicago y causó 38 muertes y 537 heridos, y dejó a mil familias sin casa. Tal nivel de violencia inspiró al poeta afroamericano Claude McKay su famoso poema “If I must die”.

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Garvey y la UNIA coincidieron con el llamado Renacimiento de Harlem. Este despertar artístico, y especialmente literario, que vivió ese barrio neoyorquino en los años 1920, le convirtió en la capital de la diáspora africana. Contrario a los escritores del Renacimiento de Harlem que se concentraron en temas artísticos, a Garvey le preocupaban temas sociales y la lucha política de los descendientes de africanos alrededor del mundo

La década de 1920 fue también testigo del renacer del Ku Klux Klan. El Klan surgió en el sur luego de finalizada la guerra civil como un grupo paramilitar y terrorista compuesto por veteranos blancos sureños que se dedicaron a perseguir e intimidar a los negros libertos. Víctima de la represión gubernamental, el Klan entró en crisis y casi desapareció del panorama. En los años 1920 el Klan resurgió de sus cenizas para convertirse en una organización nacional que contaba para 1924 con 2 millones de miembros. El renacer del Klan estuvo acompañado de una fuerte violencia racial. Los linchamientos de ciudadanos negros se hicieron muy comunes y no sólo en el sur, sino también en otras regiones del país. En esta nueva etapa, el Klan no se limitó a perseguir y aterrorizar a ciudadanos negros. Los inmigrantes también fueron objeto de la atención de los miembros del Klan, quienes les consideraban indeseables.

En este contexto de violencia racial y de gran frustración no debe sorprender que el discurso nacionalista de Garvey calara hondo. Éste mostró, además, grandes dotes como orador, organizador e impresor. A su llegada a la ciudad de Nueva York Garvey compró un auditorio al que llamó Liberty Hall donde realizaba reuniones nocturnas con miles de asistentes. También fundó un periódico, The Negro World, que sirvió como vocero principal de UNIA. Éste se publicó en Harlem entre 1918 y 1933, y se convirtió en un medio donde escritores negros no muy conocidos podían escribir desde la perspectiva de los afroamericanos. The New Negro World era un semanario con un precio accesible para las personas de bajos ingresos que llevó el mensaje de Garvey a lugares tan recónditos como África. Su circulación estuvo entre los 50,000 y 200,000 ejemplares.

Otro elemento clave del éxito de Garvey está en su mensaje de dignidad, esperanza y auto estima, ya que eso era, precisamente, lo que afroamericanos necesitaban oír en ese momento. Dos ideas interrelacionadas definen el pensamiento garveyano: empoderamiento y nacionalismo negro. Veamos cada una de ellas.

Garvey partía de la premisa de que los negros aceptaban la opresión y la deshumanización de la que eran objeto. Creía que éstos tenían el poder de determinar su propio destino a pesar de la abrumadora opresión política, social y económica de que eran víctimas. Sin embargo, no eran capaces de ejércelo porque no estaban cociente de su poder. Era, por ende, necesario empoderarles y concientizarles para que buscaran y dieran lo mejor de sí mismos y reentraran victoriosos a la Historia. En palabras de Garvey,

“[…] power is the only argument which satisfies man, except where the individual, the race or nation has power that is exclusive, it means that the individual race or nation will be bound by the will of those who possess this qualification. Hence, it is advisable for the Black man to get power of every kind, power in education, science, industry, politics and higher government. That kind of power will stand out signally, so that other races can see, and if they will not see feel.”

Para empoderar a los negros eran preciso desarrollar su conciencia racial y nacionalista a través de una “positive African identity”. De ahí que su discurso promoviera el orgullo racial, rescatara el pasado histórico de los pueblos negros y subrayara la belleza de la raza negra. Como parte de este esfuerzo, fue creada la UNIA Historical Society para promover el estudio de la historia de la raza negra. Garvey estaba convencido de que “A people without the knowledge of their past history, origin and culture is like a tree without roots.”

Para desarrollar esta conciencia racial y nacionalista la UNIA llevó a cabo actividades culturales y fueron creados símbolos nacionales como la bandera y el himno africanos. En sus actividades, los miembros de UNIA hacían un uso intenso, por no decir exagerado, de uniformes militares e indumentaria académica como espadas, bicornios, plumas, togas y birretes. Esa ostentación de grandeza y pomposidad era parte del esfuerzo de la UNIA para promover la autoestima racial de los afroamericanos. Garvey consideraba imprescindible que éstos entendieran que “The Black skin is not a badge of shame, but rather a glorious symbol of national greatness.”

blackPara él no bastaba con empoderar a los negros a nivel ideológico y político, era también necesario hacerlo a nivel económico. No habría libertad ni seguridad si éstos seguían dependiendo de los recursos de los blancos. De ahí que los esfuerzos de UNIA estuvieran dirigidos a crear mecanismos que le permitieran a los negros desarrollar un mayor nivel de autosuficiencia. Con ese fin fueron creadas, en 1919, la Negro Factories Corporation y la Black Star Line. La primera buscaba construir fábricas para producir bienes manufacturados con capital y mano de obra negra, y la segunda era un compañía de vapores para facilitar la transportación de carga y, eventualmente, de pasajeros. La Black Star Line llegó a adquirir tres barcos, el Yarmouth, el Shadyside y el Kanawha. UNIA también inició y promovió otros negocios como un restaurante, una lavandería, un hotel, una universidad, etc. Estas empresas no fueron del todo exitosas por las limitaciones de la organización. Por ejemplo, los encargados de la Black Star Line carecían de experiencia en ese tipo de negocio y, por ende, no es de extrañar los problemas de mala administración que limitaron su éxito. La UNIA también creo programas que atendían las necesidades diarias de sus miembros como cooperativas industriales que proveyeran empleo, servicios médicos para atender a los enfermos y servicios financieros para ayudar a sus miembros en momentos difíciles.

El empoderamiento venía acompañado de un fuerte panafricanismo. La UNIA buscaba elevar a los negros a nivel global para que pudieran sobrevivir cultural, política, económica e independientemente. Para ello era indispensable que ejercieran su derecho a la autodeterminación y accedieran a un gobierno propio, construyeran un estado nación. Garvey se preguntaba: “Where is the black man´s government? Where is his king and his kingdom? Where is his president, his country and his ambassador, his army, his navy, his men of big affairs”.

Garvey estaba convencido de que dadas las limitaciones que imponía la segregación, los negros tenían que regresar a África. Sólo en África los afroamericanos escaparían de la dominación social, política y económica de los blancos. Sólo en África serían libres. Su defensa del llamado separatismo negro era, por ende, una consecuencia del segregacionismo legal. Contrario a lo que planteaban líderes negros como Booker T. Washington, para Garvey, la asimilación no era una alternativa real. De acuerdo con Garvey,

“We of the Universal Negro Improvement Association are raising the cry of “Africa for the Africans,” those at home and those abroad. There are 400 million Africans in the world who have Negro blood coursing through their veins, and we believe that the time has come to unite these 400 million people for the one common purpose of bettering their condition. We want to unite the Negro race in this country. We want every Negro to work for one common object, that of building a nation of his own on the great continent of Africa. That all Negroes all over the world are working for the establishment of a government in Africa means that it will be realized in another few years. We want the moral and financial support of every Negro to make this dream a possibility.”

El panafricanismo de Garvey promulgaba el retorno a África y el sueño de unir a todos los pueblos negros del mundo para reintegrarles a un África libre y unida.

Garvey no fue el primero en proponer el regreso a África como la solución a los problemas de los afroamericanos, ya que éste había sido un tema recurrente por más de cien años. Ya en el siglo XVIII grupos de negros libres lo plantearon como una posibilidad ante los peligros que enfrentaban en una sociedad esclavista. Garvey uso la estructura internacional de su organización y su notoriedad para popularizar y relanzar, la idea del regreso a África en un momento de gran frustración y dolor para los afroamericanos. En palabras de Garvey,

“The Universal Negro Improvement Association is an organization among Negroes that is seeking to improve the condition of the race, with the view of establishing a Nation in Africa where Negroes will be given the opportunity to develop by themselves, without creating the hatred and animosity that now exist in countries of the white race through Negroes rivaling them for the highest and best positions in government, politics, society and industry. This organization believes in the rights of all men, yellow, white and black. To us, the white race has a right to the peaceful possession and occupation of countries of its own and in like manner, the yellow and black races have their rights. Only by an honest and liberal consideration of such rights can the world be blessed with the peace that is sought by Christian teachers and leaders.”

En conclusión, Para Garvey, el empoderamiento –y, por ende, la liberación de los negros- estaba ligado al desarrollo de un orgullo cultural y racial, la posesión de recursos económicos, el regreso de los afroamericanos a África y la creación de una nación-estado africana unida.

Víctima de la persecución política y de sus propios errores y limitaciones, Garvey no pudo cumplir con los objetivos de su nacionalismo negro. A pesar de ello, ejerció una gran influencia en la lucha de los afroamericanos por la igualdad, la libertad y la dignidad. Garvey dio vida a un nuevo sueño para los afroamericanos, frustrados de vivir en una sociedad que no reconocía sus sacrificios y negaba su humanidad. Al devolverles la fe perdida y levantarle sus autoestima, Garvey enseñó a los afroamericanos a soñar en grande, a valorar su pasado histórico y la belleza del color de su piel. Garvey le recordó a los afroamericanos que los negros no siempre habían no habían sido esclavos, ni habían estado sometidos.

Garvey subrayó la importancia del poder –económico, político, cultural y social- como herramienta de liberación. Los afroamericanos debían entender que poseían ese poder y, por ende no tenían que esperar a que se les concediera para alcanzar la libertad individual y colectiva. Para ejercer tal poder era necesario autoconfianza, cooperación, unidad, educación y disciplina. Sólo así los afroamericanos serían capaces de enfrentar exitosamente a los enemigos de la raza negra: la segregación, el colonialismo, la explotación económica, la violencia racial, etc.

En última instancia, su máxima aportación es, sin lugar a dudas, haber tenido la osadía de cuestionar y retar el orden social, político y económico de los blancos en un contexto adverso y muy peligroso.

Permítanme terminar citando al líder afroamericano Malcom X, quien en su autobiografía escribió lo siguiente sobre su padre:

“The image of him that made me proudest was his crusading and militant campaigning with the words of Marcus Garvey. … [I]t was only me that he sometimes took with him to the Garvey U.N.I.A. meetings which he held quietly in different people’s homes.”

Muchas gracias,

Dr. Norberto Barreto Velázquez,

Universidad del Pacífico

barreto_n@up.edu.pe

 

obama-hope-shelter-copy-400x400Nunca antes en la historia de Estados Unidos el legado internacional de un presidente ha enfrentado una amenaza tan inminente como la que se cierne sobre el de Barack Obama como consecuencia de la victoria de Donald Trump. El empresario neoyorquino representa una amenaza directa e inmediata a los logros diplomáticos del primer presidente afro-americano.

A la llegada de Obama a la Casa Blanca en 2009, la imagen internacional de Estados Unidos estaba seriamente dañada tras ocho años de gobierno republicano. La guerra en Afganistán, la invasión de Irak, Guantánamo y las imágenes de Abu Ghraib afectaron negativamente la percepción global de la nación estadounidense. Un estudio del Pew Research Center de diciembre de 2008 revelaba que el 36% de los británicos, 72% de los franceses, 68% de los alemanes, 40% de los brasileños, 51% de los sudafricanos y 84% de los japoneses compartían una imagen negativa de Estados Unidos.[1]  La esperanza de cambio que su elección generó, unida a su inteligencia y capacidad de comunicación, le permitieron a Obama revertir esa situación y convertirse en un presidente muy popular a nivel internacional. Otro estudio del Pew Research Center de junio de 2016 revelaba que el 86% de los alemanes, 84% de franceses y 74% de españoles poseían una visión positiva de Obama.[2] Ese mismo estudio reflejaba una notable mejoría de la imagen de Estados Unidos, pues el 63 % de los franceses, 57% de los alemanes, 56% de los indios y 72% de los japoneses favorecían a la nación estadounidense sobre China. Tan popular es Obama que le echaremos de menos a pesar del uso de drones asesinos, de la ambivalencia ante el golpe de estado en Honduras, del fracaso de la intervención en Libia, de la inacción en Siria, de los $38 millardos de ayuda militar a Israel, etc.

Trump aún no ha puesto en marcha ninguna de sus propuestas  y ya ha sembrado la incertidumbre, la duda, la consternación y la indignación a nivel mundial.  Todo ello a costa de la imagen de Estados Unidos y de su sistema democrático.

Tal vez el mayor logro diplomático de Obama sea el acuerdo con Irán. En una muestra clara del pragmatismo que le ha caracterizado, Obama reconoció que una solución militar al tema del programa nuclear iraní hubiera sido desastrosa, y unió fuerzas con  China, Alemania, Francia, Rusia, el Reino Unido y la Unión Europea en busca de un arreglo diplomático.  A pesar de la oposición visceral del Primer Ministro de Israel Benjamín Netanyahu y sus aliados Republicanos, se logró un tratado que aunque imperfecto, marcó el triunfo de la diplomacia y el primer paso hacia una mejora en las relaciones iraní-estadounidenses en más de treinta años.

Existen razones válidas para pensar que Trump constituye una amenaza contra este tratado, pues le atacó de forma directa durante la campaña electoral. Además, algunos de los miembros de su círculo más cercano y futuros miembros de su administración (Mike Pompeo, John R. Bolton, James Mattis y Rudolph Giuliani) han rechazado abiertamente el tratado y favorecen un cambio de régimen en Irán.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba es otro de los logros del presidente saliente. Obama reconoció lo anacrónica, errada y solitaria que resultaba  la política estadounidense hacia Cuba,  rechazó el enfrentamiento y apostó a favor de la apertura y el acercamiento como fuerzas de cambio.  Las declaraciones de Trump a  la muerte de Fidel Castro –unido a sus compromisos con los sectores más conservadores de la comunidad cubano-estadounidense– constituyen una amenaza directa a la política de Obama.

Obama entendió y respetó los límites del poder estadounidense en un orden internacional cada vez más complicado. El pragmatismo definió sus prioridades. De ahí que no enfrentara frontalmente a Putin en Ucrania y que mantuviera una posición firme, pero a la vez contenida con relación al mar de la China Meridional. El aislacionismo que ha anunciado Trump podría socavar la credibilidad estadounidense entre sus aliados y generar, además, vacíos de poder que podrían aprovechar sus competidores. Todo ello a costa de una mayor inestabilidad internacional.

Está aun por verse cómo será la política exterior de Donald Trump, pero es claro que el legado de Obama peligra.

 

[1] Pew Research Center, “Global Public Opinion in the Bush Years (2001-2008)”, December 18, 2008, http://www.pewglobal.org/2008/12/18/global-public-opinion-in-the-bush-years-2001-2008/. Consultado 15 de noviembre de 2016.

[2] Pew Research Center, “As Obama Years Draw to Close, President and U.S. Seen Favorably in Europe and Asia”, June 29, 2016, http://www.pewglobal.org/2016/06/29/as-obama-years-draw-to-close-president-and-u-s-seen-favorably-in-europe-and-asia/. Consultado 15 de noviembre de 2016.

(*) Las opiniones vertidas en el presente artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan necesariamente las de la Universidad del Pacífico.


Norberto Barreto Velázquez

Lima, 9 de diciembre de 2016


Publicado en Perspectiva Global, blog del  Área de Economía, Negocios y Relaciones Internacionales (AENRI), Universidad del Pacífico, 9 de diciembre de 2016.

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Damos la bienvenida al último  número de  la revista Huellas de Estados Unidosdedicado al análisis de las elecciones presidenciales estadounidenses. Con trabajos de Pablo Pozzi, Fabio Nigra, Leandro Morgenfeld, Anayra O. Santory Jorge, Valeria Carbone, Marc Stern, entre otros, este número nos brinda una mirada crítica a unos de los procesos electorales más controversiales de la historia estadounidenses.

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En las últimas semanas he estado disfrutando del blog Presidential de la periodista del Washington Post Lilliam Cunningham. Dos capítulos son especialmente dignos de mención.  El primero de ellos es  dedicado a la figura de Franklin D. Roossevelt. FDR es, sin lugar a dudas, uno de los más importantes presidentes en la historia de Estados Unidos. Su liderato durante la gran depresión y la segunda guerra mundial marcó a la nación estadounidense. Cunningham aborda la figura de FDR desde la perspectiva de la primera dama, Eleonor Roosevelt. El resultado es un excelente  retrato de una mujer realmente excepcional y de su relación con FDR.

El segundo capítulo enfoca el presidente más controversial de la historia estadounidense: Richard M. Nixon. Quien debiera ser recordado por sus grandes logros diplomáticos,   es perseguido  por su papel en el escándalo de Watergate y su renuncia a la presidencia. Para analizar a Nixon, Cunningham recurre a un ícono del periodismo estadounidense, Bob Woodward. Uno de los principales actores del drama que llevó a Nixon fuera de la Casa Blanca, Woodward analiza de forma magistral el camino de odio y desconfianza que llevó a Nixon a su ruina.

Aquellos interesados en la historia política estadounidense encontrarán en este blog una fuente valiosa y de gran calidad.

Norberto Barreto Velázquez

Lima, 20 de septiembre de 2016

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Acabo de descubrir, casi por accidente, Presidential, un podcast del Washington Post dedicado a explorar la personalidad y el legado de los cuarenta y cuatro individuos que han sido presidentes de Estados Unidos. Su presentadora, Lilliam Cunningham, entrevista a periodistas como Bob Woodward y a historiadores como David McCullough, buscando entender el papel que los presidentes han jugado en el desarrollo histórico estadounidense. Presidential arrancó el 5 de enero de 2016 con un programa dedicado a George Washington y culminará el 30 de octubre con un episodio dedicado a Barack Obama. Este podcast es una forma amena e interesante de entender la historia de Estados Unidos a través del análisis de la vida y obra de quienes han tenido la gran responsabilidad de ser sus máximos dirigentes.

 

Para oír el programa dedicado a Washington ir aquí.

 

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Conferencia dictada en la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú, 7 de junio de 2016

Con un estilo y discurso transgresores, Bernie Sanders ha impactado el desarrollo de la campaña electoral estadounidense. El autoproclamado líder socialista ha identificado y criticado duramente las contradicciones del sistema político y económico de Estados Unidos, generando un fuerte apoyo entre sectores, principalmente blancos y jóvenes, cansados y frustrados con la creciente desigualdad, la concentración de la riqueza, la corrupción, etc. Aún está por verse los efectos que a corto y a largo plazo tendrá su campaña en la sociedad estadounidense.

El que su condición de socialista confeso no haya afectado negativamente su campaña, ha llamado la atención de los analistas políticos y resucitado el interés por el papel del socialismo en la historia de Estados Unidos. Al hablar del socialismo en los Estados Unidos nos enfrentamos a tres interrogantes básicas: primero, ¿por qué no se desarrolló un socialismo exitoso en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX?; segundo, ¿por qué los trabajadores de la principal nación capitalista del siglo XX no desarrollaron conciencia de clase?; tercero, ¿por qué no ha existido en Estados Unidos un partido de los trabajadores capaz de retar al poder político y económico?

Diversos académicos y pensadores, estadounidenses y europeos, han buscado resolver estos interrogantes: Engels, Trotsky, Weber, Gramsci, Frederick Jackson Turner, William Appleman Williams, Eric Foner, Irving Howe, Sean Wiletz, Seymour Martin Lipset, Nick Salvatore, Werner Sombart, entre otros. Aunque éstos han elaborado una variedad de interesante de explicaciones, es necesario reconocer que no existe una repuesta definitiva al poco éxito del socialismo en Estados Unidos, y que tal vez nunca la haya. Por eso esta tarde me propongo compartir con ustedes un análisis general y algo esquemático, que pretende recoger las diversas explicaciones dadas al tema que nos convoca. Mi objetivo no es resolver un problema que otros más capaces no han podido, sino abrir un diálogo.

Lo primero que debo hacer es reconocer que en las primeras décadas del siglo XX, existió en Estados Unidos una izquierda significativa compuesta por populistas, anarquistas, feministas, socialistas cristianos, sindicalistas, intelectuales, fallidos revolucionarios europeos, Wobblies, etc. Éstos se nutrieron de la tradición y la historia de sus camaradas europeos, generaron espacios políticos de importancia y fueron víctimas de la represión de los años de la primera guerra mundial (1917-1921). Basta mencionar el 6% de los votos populares que recibió Eugene Debs en las elecciones generales de 1912. También es justo recordar la aportación intelectual y cultural de izquierda. A nivel internacional la izquierda estadounidense destacó luchando en la Brigada Lincoln contra el fascismo y promoviendo el desarrollo de los movimientos pacifistas.

 

Sin embargo, esto no es suficiente como para negar el hecho indiscutible de que, en contra de lo que el marxismo clásico había pronosticado, no se desarrolló en Estados Unidos un movimiento socialista exitoso. La revolución socialista no se desató en el centro del capitalismo como había vaticinado Marx, sino en su periferia. Esto conllevó un serio problema para los marxistas, ya que constituía una contradicción del marxismo que cuestionaba su validez. Por ello no debe sorprender que importantes figuras marxistas trataran de explicar esta situación.

Veamos ahora algunas de las explicaciones dadas al fracaso del socialismo en Estados Unidos. Comencemos con los factores culturales. Esta explicación está asociada directamente al concepto del excepcionalismo estadounidense, pues se ha querido ver la debilidad del socialismo y de la clase obrera como manifestaciones o confirmaciones de éste. En este sentido se ha planteado que el carácter excepcional, es decir único y superior, de la sociedad estadounidense bloqueó el avance del socialismo. La ausencia de un pasado feudal y el carácter de nación puramente burguesa -sin pasado mercantilista, ni nobleza, ni control de la Iglesia- dieron forma a un sistema de valores y a una ideología: el americanismo. Ser “americano” no se define en términos geográficos o históricos, sino ideológicos. Ser “americano” es compartir acríticamente un grupo de ideas: individualismo, “laissez-faire”, anti-estatismo, populismo e igualitarismo. En otras palabras, ser americano es una religión excluyente. De ahí que quienes violan sus preceptos sean tachados como “un-American”.

En consecuencia, los estadounidenses han desarrollado lo que el historiador Morris Berman identifica como una “identidad negativa”.  Según él, desde el periodo colonial, los Estadounidenses han desarrollado una identidad nacional a partir de lo que no son, siempre en rechazo de otra cosa, por ejemplo, el Viejo Mundo, la nobleza, etc. El problema con este tipo de identidad, subraya Berman, es que no permite ver qué realmente eres; no permite tomar conciencia. Esta ideología-religión secular se fundamenta en el rechazo a la disensión camuflado de patriotismo (un americano de verdad no critica a su país y menos en tiempos de guerra); en un fuerte sentido de misión divina, de una necesidad de propagar por el mundo la democracia y las bendiciones de la sociedad norteamericana (de hacer cumplir la voluntad de Dios); en el desarrollo de una identidad nacional que no está basada en un historia común, sino en un compromiso moral y religioso con el país; en una visión maniquea que reduce la realidad a una lucha entre el bien (los Estados Unidos) y el mal (sus opositores) y en la creencia en la universalidad de los valores y la forma de vida norteamericana. Originada en el siglo XVII por los puritanos creadores de la idea de ciudad sobre una colina, esta religión secular ha evolucionado a lo largo de la historia norteamericana.

Los valores que definen ser “americano”, especialmente el anti-estatismo y el individualismo, afectaron negativamente el atractivo del socialismo entre las masas de trabajadores estadounidenses. Las sospechas sobre el Estado y el rechazo al poder tiránico tienen un origen histórico. La Revolución se peleó contra un estado tiránico, la Declaración de Independencia implica que hay que desconfiar del Estado y la Constitución se diseñó para evitar un estado fuerte (división de poderes).

Los límites del sistema político partidista estadounidense han sido usados para explicar el problema que analizamos hoy. Según los propulsores de esta explicación, el sistema político estadounidense está diseñado para favorecer el bipartidismo dominado por los Republicanos y Demócratas porque induce a los votantes a optar por el mal menor. En vez de votar por el candidato de su selección con limitadas posibilidades de ser electo, los electores prefieren votar por uno que sí pueda ganar. Históricamente, el sistema ha limitado las posibilidades de éxitos para terceros partidos, entre ellos el Partido Socialista. Esta explicación enfrenta un problema: no todos los terceros partidos que han surgido en la historia de Estados Unidos han sido un fracaso. Por ejemplo, en 1912, Teodoro Roosevelt abandonó las filas Republicanas y fundó el Partido Progresista. El llamado Bull Moose Party obtuvo el 27% del voto popular por encima del 23% que obtuvo el Republicano. Gracias al cisma entre los republicanos Woodrow Wilson fue electo Presidente. Ochenta años más tarde, Ross obtuvo el 19% de los votos populares como candidato del Partido Reformista, lo que facilitó la llegada de William J. Clinton a la Casa Blanca. Otros casos meritorios son el de Robert LaFolllette quien en 1924 obtuvo el 16% de los votos como progresista y el de los independientes George Wallace con el 13% en 1968 y John Anderson con 6% en 1980. Sin embargo, es necesario reconocer que en el siglo XX ningún tercer partido logró llegar al poder.

Para algunos analistas la repuesta a los interrogantes que examinamos está en la heterogeneidad religiosa y étnica de la clase trabajadora. Entre 1871 y 1911, entraron a Estados Unidos 20 millones de inmigrantes. La llamada “nueva inmigración” coincide con el despegue económico de los Estados Unidos, y estuvo caracterizada por el arribo de millones de inmigrantes procedentes del sur y el este de Europa, en su mayoría católicos y judíos (griegos, polacos, italianos, rusos, etc.). Sólo en la década de 1880 llegaron unos dos millones de inmigrantes. La inmensa mayoría de éstos llegó huyéndole a la pobreza, al hambre y a la persecución política y/o religiosa.

La inmensa mayoría de los inmigrantes que llegaron a partir de 1880 se establecieron en los centros urbanos. La escasez de tierra disponible, la necesidad de mano de obra en las fábricas, la presencia de comunidades de inmigrantes en las ciudades y el apoyo de instituciones como las iglesias, convirtieron a los centros urbanos en la mejor alternativa de vida para los nuevos inmigrantes. Por ello no debe sorprender a nadie que antes de la primera guerra mundial, la mayoría de los trabajadores eran migrantes.

Entre los inmigrantes, la identidad de clase no pudo superar las diferencias religiosas y étnicas. A éstos les resultaba difícil pensar en términos de clase, apoyar sindicatos y/o involucrarse en política sindical. Además, los partidos políticos tradicionales usaron con éxito la diversidad de la clase trabajadora estadounidense en términos étnicos, religiosos y comunitarios. Demócratas y Republicanos apelaron a los trabajadores basados en la identidad nacional y religiosa de éstos, no en su identidad de clase.

Hay que reconocer que llegaron inmigrantes con trasfondos y experiencias socialistas que jugaron un papel muy importante en el desarrollo del socialismo en Estados Unidos (alemanes, europeos del este, escandinavos, judíos). Sin embargo, la mayoría, seducida por el mayor grado de libertad que disfrutaban y por las mejoras en su estándares de vida, se opuso al socialismo.

Esta última observación nos lleva a enfocar la explicación económica. A pesar de que el crecimiento económico del último cuarto del siglo XIX provocó un aumento en la desigualdad, el nivel de vida que disfrutaban los trabajadores estadounidenses era considerablemente superior que el de los europeos. Se calcula que a principios del siglo XX, los sueldos en Estados Unidos eran el doble que en Gran Bretaña, y el triple que en Italia y España. Además, la sociedad estadounidense desarrolló –gracias a la industrialización– una enorme capacidad para producir bienes baratos de consumo masivo que cautivaron a los trabajadores estadounidenses.

La desigualdad existente tampoco bloqueó las posibilidades de ascenso y movilidad, pues era posible que miembros de las clases bajas, o sus descendientes, pudieran ascender   y alcanzar mejores condiciones de vida.

El igualitarismo fue otro factor que le jugó en contra al socialismo, pues millones de inmigrantes llegaron a una sociedad que daba énfasis a la igualdad de oportunidades, no necesariamente a la igualdad de los resultados. Sin énfasis en valores aristocráticos y trasfondo familiares, en la sociedad estadounidense las diferencias de clase eran más débiles que en Europa, acostumbrada a siglos de distinción de clase y de castas. Por ende, era muy difícil convencer a los estadounidenses de pensar en términos de clase. En conclusión, el socialismo no apelaba porque proponía algo que los estadounidenses sentían que ya tenían: una sociedad democrática, sin clases y anti elitista.

El alegado dogmatismo de los socialistas estadounidenses es otra posible explicación a la debilidad del socialismo en Estados Unidos. Según los defensores de esta explicación, los socialistas estadounidenses eran muy dogmáticos, lo que no les permitió un acercamiento pragmático y de cooperación con los sindicatos, limitando así su crecimiento. Además, la Revolución Rusa y la creación de la Unión Soviética llevaron a un gran sectarismo entre los socialistas estadounidenses que no ayudó al crecimiento del movimiento. Sin embargo, esta explicación no toma en cuenta el conservadurismo que imperaba entre algunos sindicatos y lideres sindicales.

Por último, hay quienes alegan que la represión y la violencia frenaron el potencial del socialismo en Estados Unidos. Debe recordarse que tras la entrada de Estados Unidos a la primera guerra mundial, el gobierno federal mostró poca tolerancia hacia los opositores de la guerra. Se tomaron medidas para restringir la inmigración y fueron aprobadas leyes como la Ley del Espionaje, Sabotaje y Sedición de 1917 para reprimir a los disidentes, entre ellos los socialistas. Ley que sirvió para encarcelar al líder socialista Eugene Debs en 1918.

Una vez finalizada la guerra se desató un periodo de profundo sentimiento anti-comunista que es conocido como el “Red Scare”. Aunque bastante irracional, el “Red Scare” tuvo un origen histórico: la Revolución Rusa. En 1917, los bolcheviques tomaron el poder en Rusia e iniciaron un periodo de revolucionario que daría a la primera república socialista de la historia. Los sucesos en Europa preocuparon a muchos norteamericanos temerosos de que algo similar ocurriera en los Estados Unidos.

El miedo al peligro comunista llevó al gobierno a practicar una serie de redadas. En 1920, el Secretario de Justicia ordenó el arresto de 5,000 personas sospechosas de ser comunistas. Contra la mayoría de estas personas, en su inmensa mayoría trabajadores inmigrantes, existía muy poca o ninguna evidencia de acciones criminales. Aún así, éstos fueron arrestados y se les negó asistencia legal.

El caso de más famoso asociado al “Red Scare” es del de dos inmigrantes anarquistas italianos que fueron acusados de asesinato. Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti fueron acusados, juzgados y encontrados culpables de asalto y homicidio, y sentenciados a muerte a pesar de que la evidencia en su contra no era sustancial. Esto provocó una ola de indignación internacional y a nivel de la sociedad norteamericana. A pesar de los reclamos, las marchas, los piquetes y las protestas, Sacco y Vanzetti fueron ejecutados en 1927.

Aunque es indiscutible reconocer la persecución y represión de que fueron víctimas los socialistas en Estados Unidos, esto no responde del todo los interrogantes que enfrentamos. Los socialistas estadounidense no fueron los únicos en ser reprimidos por el Estado. Otros sufrieron tanta o más represión por pare de sus Estados y, sin embargo, fueron capaces de amenazar e inclusive tomar el poder.

Es necesario concluir que no hay una explicación definitiva a la pregunta del por qué del fracaso del socialismo en Estados Unidos. Sin embargo, sí podemos señalar que las principales teorías apuntan a factores de carácter económico e ideológico-cultural. A pesar de la desigualdad, la riqueza de la sociedad estadounidense permitió que lo niveles de vida de millones de estadounidenses mejorara y que, inclusive, tuviesen opciones de ascenso social. Los estadounidenses sentían en que vivían en una sociedad libre, igualitaria y democrática, por lo que el socialismo no les resultaba atractivo. La ideología predominante –“el americanismo” – fue fundamental en este proceso, funcionando como una religión excluyente, que limitó las posibilidades de otras ideologías para repercutir en la sociedad estadounidense. En otras palabras, los estadounidense sólo pueden adorar a un Dios y ese no ha sido el socialismo.

 

Norberto Barreto Velázquez

Universidad del Pacifico

Barreto_n@up.edu.pe

 

 

 

 

 

1110_TapaEl Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) acaba de publicar un libro que leeremos con interés. Se trata de Estados Unidos y la nueva correlación de fuerzas internacionales (Buenos Aires: CLACSO 2016). Coordinado por Marco A. Gandásegui, hijo, esta obra contiene una interesante colección de trabajos producidos por un grupo  de expertos latinoamericanos en temas estadounidenses. Estados Unidos y la correlación de fuerzas internacionales es el cuarto libro producido por el grupo de trabajo de Estudios sobre Estados Unidos del CLACSO, y está dividido en tres temas: la crisis de la hegemonía de Estados Unidos, la estructura interna de la nación estadounidense y las relaciones de Estados Unidos con América Latina.

Aquellos interesados en esta obra pueden descargarla gratis aquí.