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Archive for 25 julio 2010

En 1971 fue fundado el equipo Cosmos de Nueva York con el objetivo de promover el fútbol en los Estados Unidos.  Con el apoyo económico de la Warner Bros,   los directivos del Cosmos buscaron contratar estrellas del fútbol internacional.  Una de esas figuras fue el astro brasileño Pelé, quien en 1975 rechazó una oferta del Cosmos de $4 millones por considerarla insuficiente y porque estaba preocupado por la posible  reacción de sus compatriotas.  En este momento entró en escena un personaje muy particular: Henry Kissinger. El entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos  –un fanático de fútbol– le pidió al Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Antônio Francisco Azeredo da Silveira,  que interviniera a favor del equipo norteamericano. Kissinger fue claro con los brasileños: la presencia de Pelé en el Cosmos   sería “un activo enorme para Brasil” que adelantaría las relaciones entre ambas naciones. Los funcionarios brasileños llevaron el mensaje de Kissinger  a Pelé, quien terminó firmando con el Cosmos, donde permaneció hasta 1977.

Este episodio de diplomacia futbolística forma parte del excelente libro Kissinger e o Brasil (Rio de Janeiro, Zahar) publicado por Matias Spektor en el año 2009.  Spektor posee un Doctorado en Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford y se desempeña como Coordinador del Centro  de Estudios sobre Relações Internacionais da Fundação Getulio Vargas (Rio de Janeiro).

El libro de Spektor examina el desarrollo, a partir de 1969, de un proceso de acercamiento entre los Estados Unidos y Brasil que buscaba “construir una sociedad diplomática”. De acuerdo con el autor, este acercamiento no funcionó, pues tomó diez años superar las diferencias profundas que separaban a norteamericanos y brasileños.

Los dos artífices de este proceso lo fueron Kissinger y  Silveira. El estadounidense buscaba socios  que tomaran parte de la carga y de la responsabilidad internacional de los Estados Unidos en el marco de la guerra fría. La idea de Kissinger partía de su visión realista de la política internacional y de sus cálculos del costo para su país de mantener el orden internacional. Entre los países que Kissinger consideraba potenciales socios regionales de los Estados Unidos estaban Irán, Indonesia, África del Sur y el Brasil. Estos socios regionales deberían ayudar a los norteamericanos a mantener el orden y limitar así el intervencionismo estadounidense en el Tercer Mundo. Claro está, ello no significaba que Kissinger renunciara al “derecho” de su país a defender sus intereses. Se trataba de un gesto simbólico, gestual, psicológico y semántico que no pretendía ni aspiraba a alterar el balance geopolítico.

Silveira y Kissinger

Los brasileños aceptaron con recelo la propuesta norteamericana de “parceria” y ello no significó un alineamiento con la política exterior estadounidense como el que, según Spektor, ocurrió después del golpe de 1964. Éstos querían aprovechar  la oferta de Kissinger para “fortalecer el régimen, acelerar el proyecto conservador de modernización y conseguir concesiones comerciales”. Sin embargo, el gobierno militar brasileño no dejo de desconfiar de la intenciones norteamericanas y buscó mantener su independencia  diplomática a toda costa.  A partir de 1974, los militares brasileños buscaron utilizar la retórica de los norteamericanos para “mitigar el poder norteamericano sobre el Brasil y convencer a las grandes potencias de que Brasil merecía  un estatus especial en las relaciones internacionales”. En otras palabras, los brasileños tenían su propia agenda y no estaban dispuesto a “representar los intereses americanos”. De esta forma quedan claros los límites del poder estadounidense y la capacidad  de negociación de algunos países periféricos. Países como Brasil, Indonesia e Irán estaban dispuestos a aceptar la sociedad que les fue propuesta sólo si los Estados Unidos aceptaban limitar sus ambiciones, concretaban alianzas estratégicas y, sobre todo, enfatizaban la igualdad y el respeto entre los socios. Según Spektor, Kissinger estuvo dispuesto a ello, pero chocó con otros sectores del “establishment” diplomático norteamericano y, en especial, con el Departamento de Estado.

Spektor comienza enfocando a los  padres del programa de asociación: Kissinger y Silveira, enfatizando sus grandes diferencias. Kissinger era un hombre importante, famoso, poderoso  y responsable de la política exterior de la principal potencia mundial. Durante su gestión como Asesor de Seguridad Nacional y luego como Secretario de Estado, Kissinger fue protagonista de las negociaciones que permitieron el “fin” de la guerra de Vietnam, del acercamiento histórico a China, de la aproximación a la Unión Soviética  que facilitó el detente, de la expulsión de los soviéticos del Medio Oriente y de la preeminencia norteamericana en esa zona, del apoyo a sangrientas dictaduras anticomunistas en América Latina, África y Asia, etc.

Silveira era un diplomático de carrera sin la fama y el glamour de Kissinger que como los demás miembros de su generación, buscaba una mayor participación de su país en el escenario mundial. Un admirador de los Estados Unidos, donde había vivido por una temporada, Silveira creía que el papel principal de la diplomacia  brasileña debía ser preservar su autonomía frente al poderos vecino del norte. Éste veía a los posibles designios estadounidense como una amenaza para la soberanía económica y política de Brasil.

Silveira llevó a cabo una diplomacia agresiva alterando la posición brasileña en varios asuntos: acabó con el apoyo a Israel para apoyar a los países árabes y reconoció gobiernos marxistas en el Tercer Mundo, a pesar de formar parte de un gobierno controlado por militares anticomunistas.

Matias Spektor

Spektor es muy claro: lo que permitió el acercamiento norteamericano-brasileño de la década de 1970 fue la relación que desarrollaron Kissinger y Silveira. Ellos  moldearon exitosamente la actitud de sus respectivos presidentes en temas de relaciones exteriores. Fueron ellos quienes en tiempos de crisis salieron al rescate del proyecto de acercamiento bilateral. El objetivo del libro es explicar por qué éstos escogieron ese camino, dejando claro que contrario a lo que se ha pensado, los años 1970 no fueron un periodo  “de distanciamiento natural y progresivo entre Brasil y los Estados Unidos.”

El libro también busca llenar un vacío historiográfico. Para Spektor, es claro que en la primera mitad de la década de 1970 hubo un “ambicioso proyecto de aproximación” que la historiografía brasileña ha ignorado.  Además, el autor está convencido de que el fin de ese proyecto no fue no natural, ni inevitable. Su estudio, definitivamente, arroja luz sobre el desarrollo de las relaciones brasileño-norteamericana en un periodo en que éstas se han visto afectadas por eventos como el golpe de estado en Honduras y el tema de la energía nuclear en Irán.

Dos comentarios finales. En primer lugar, destaca el trabajo de archivo realizado por Spektor. Su investigación es realmente impresionante, pues combina fuentes brasileñas y norteamericanas de forma magistral. Entre sus fuentes destacan: el Arquivo Histórico do Ministerio das Relações Exteriores, el General Records of the Deapratment of State, los National Archives and Record Administration (NARA), Foreign Relations of the United States (FRUS), el Arquivo Azeredo da Silveira, el Centro de Pesquisa e Documentação de História Contemporânea do Brasil da Fundação Getulio Vargas, etc. Es necesario destacar que el autor no se limitó a consultar fuentes escritas, sino que también recurrió a la historia oral, entrevistando a personajes relacionados a su investigación, entre ellos, al propio Kissinger.

En segundo lugar, el trabajo de Spektor rescata la importancia del individuo en el estudios de las relaciones diplomáticas. Ante la importante influencia de nuevas corrientes como la historia cultural sobre los estudios diplomáticos, se tiende a pasar por alto el papel crucial que juegan los individuos en el juego de la diplomacia.  Si algo queda claro en el libro de Spektor es que el acercamiento brasileño-norteamericano de los años 1970 fue posible por la presencia de Kissinger en la Casa Blanca y de Silveira en el Palacio de Itamaraty. La relación directa y personal entre  ambos, su interés y apoyo, fue lo que posibilitó la “parceria”.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, Perú, 25 de julio de 2010

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