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Archive for 19 abril 2011

Julian Go.  American Empire and the Politics of Meaning: Elite Political Cultures in the Philippines and Puerto Rico during U.S. Colonialism. Durham and London: Duke University Press, 2008.

Julian Go

Es innegable que el estudio de las prácticas, instituciones y discursos imperialistas norteamericanos ha avanzado considerablemente en los últimos años. Autores como Alfred W. McCoy, Paul Kramer, Ann Laura Stoler, Andrew Bacevich,  Chalmers Johnson, Greg Grandin, Amy Kaplan, Donald Pease, Charles S. Maier y Niall Ferguson, entre otros, han producido obras novedosas por su enfoque crítico y acercamiento teórico. Sin embargo, el estudio comparativo del imperialismo estadounidense sigue siendo un terreno poco explorado, a pesar de su innegable importancia.

El objetivo de este libro es contribuir de forma directa a subsanar esa deficiencia, analizando comparativamente el efecto del proyecto colonial norteamericano sobre las culturas políticas de las Filipinas y Puerto Rico en la primera década del siglo XX.  De forma más concreta, el autor busca explicar la reacción de  la elite política de ambas colonias al tutelaje colonial de los norteamericanos.  Go se pregunta cómo filipinos y puertorriqueños interaccionaron con el proyecto colonial estadounidense y cuál fue la influencia de éste en el desarrollo de la cultura política de las Filipinas y Puerto Rico.

Como cualquier otro poder imperial, los Estados Unidos no se limitaron al uso de la fuerza para consolidar su control colonial.  Las autoridades norteamericanas también recurrieron a la cultura para cimentar su control de las Filipinas y Puerto Rico tras la adquisición de las islas en 1898.  En ambas colonias, los estadounidenses pusieron en práctica una imposición silenciosa de símbolos, imágenes, ideas, héroes, fiestas nacionales, tradiciones, concepciones políticas, formas y prácticas coloniales.  Este proyecto colonial buscaba elevar cultural y políticamente a filipinos y puertorriqueños, y fomentar consensos que avalaran el colonialismo estadounidense.  Este libro busca explicar comparativamente cómo este proceso simultáneo afectó la cultura política de filipinos y puertorriqueños.  Go está profundamente interesado en determinar el efecto de este proceso de manipulación cultural sobre las elites políticas filipina y puertorriqueña para determinar los límites del “nation-building”, pieza clave de los proyectos imperiales norteamericanos hasta principios del siglo XXI.

 

Go divide su estudio en dos periodos.  El primero transcurre desde la llegada de los norteamericanos a tierras filipinas y puertorriqueñas hasta 1903.  En este periodo, ambas elites recibieron la ocupación norteamericana y domesticaron el proyecto colonial.  En otras palabras, si bien los norteamericanos buscaron imponer sus conceptos, modelos y modos de democracia, libertad, autogobierno y elecciones, las elite los adoptaron en sus propios términos, frustrando el impacto de los modelos y métodos estadounidenses.  Esto en parte, debido al desarrollo, por parte de filipinos y puertorriqueños, previo a la llegada de los norteamericanos, de sus propios esquemas políticos bajo una fuerte influencia del clientelismo.  Así, ambas elites  adoptaron los esquemas políticos traídos por los estadounidenses desde los significantes previamente desarrollados, domesticando elementos del proyecto colonial norteamericano.  Go identifica un segundo periodo, que se extiende hasta 1912, en el que cambian las formas en que las elites reaccionaron al proyecto de tutelaje.  Mientras los puertorriqueños dejaron de domesticar el proyecto colonial y aprendieron a usar los significados culturales impuestos por los norteamericanos, marginando así sus significados culturales preexistentes; los filipinos siguieron domesticándolo, pero revaluaron sus significados culturales preexistentes.

¿Qué provocó los cambios de actitud de la elite puertorriqueña?  ¿Por qué los filipinos no registraron una evolución similar?  Según Go, la crisis económica de 1899 (el huracán San Ciriaco y la perdida de los mercados del café) debilitó el poder e influencia de la elite puertorriqueña.  La base socioeconómica de los esquemas culturales de la elite entró en crisis, lo que unido a la actitud contraria de las autoridades coloniales –en reacción a la corrupción partidista de la elite– provocaron que ésta perdiera poder e influencia social y política.  Esa crisis le obligó a revaluar los esquemas norteamericanos y adoptarlos para frenar su perdida de poder político y social.

Por el contrario, la elite filipina no tuvo que enfrentar una crisis económica, ya que la economía local no se vio afectada negativamente por el cambio de metrópoli.  De acuerdo a  Go, la economía filipina era más diversa que la puertorriqueña y vivió un periodo de bonanza en los primeros años de dominio estadounidense.  Por lo tanto, el poder e influencia de la elite quedó inalterado y ésta no tuvo que repensar sus esquemas políticos.

Hay varios elementos de este libro que son dignos de resaltar. En primer lugar, la explicación que elabora Go de la “lógica” detrás del proyecto de tutelaje colonial.  ¿Cómo explicar que un grupo considerable de estadounidenses promoviese, defendiera y pusiera en práctica un proyecto colonial que buscaba educar a filipinos y puertorriqueños en los misterios de la democracia y el autogobierno?  ¿Era un ardid para justificar el control colonial?  ¿Era un reflejo de la tradición política norteamericana y de los valores políticos anticoloniales estadounidenses?  ¿Era una variante de excepcionalismo norteamericano?  Para Go, el proyecto colonial era parte de un política concertada y determinada por lógicas culturales; en otras palabras, el proyecto colonial era un producto cultural.  Éste no era una expresión del excepcionalismo estadounidense, ni un ardid, sino un proyecto fundamentado en las experiencias culturales de sus defensores y ejecutores.

Otro elemento que debemos resaltar es el análisis que desarrolla Go de los justificantes del proyecto colonial. El autor identifica varios esquemas culturales y narraciones usadas por los norteamericanos que sirvieron de lógica del control colonial de las Filipinas y Puerto Rico.  En primer lugar, los oficiales coloniales y militares compartían una visión de superioridad y misión racial.  Entrenar a los filipinos y puertorriqueños en el ejercicio de la democracia y el autogobierno era una responsabilidad de los estadounidenses dada la inferioridad-incapacidad racial de sus sujetos coloniales.  En segundo lugar, los norteamericanos que defendieron, promovieron y pusieron en marcha el proyecto de tutelaje colonial estaban bajo la influencia de la idea europea de la misión civilizadora, es decir, estaban convencidos de que era responsabilidad de las razas superiores elevar (civilizar) a las razas inferiores.  En tercer lugar, los estadounidenses compartían la fe en el reformismo, la eficiencia administrativa y la ingeniería social como medios de cambio social y político típicos del movimiento progresista de finales del siglo XIX.  La insistencia de Go en analizar a los agentes coloniales como productos del Progresismo es muy atinada, ya que  subraya la importancia innegable del pensamiento progresista en el desarrollo del imperialismo estadounidense.  Por último, los estadounidenses llevaron a cabo un esfuerzo consiente de legitimación del colonialismo que ejercían a través de la apropiación o incorporación de las demandas locales al proyecto colonial.  Este conjunto de ideas no sólo hizo posible, palpable y práctico el tutelaje colonial, sino que también definió sus límites.  Los norteamericanos veían su presencia en las Filipinas y Puerto Rico como parte de un proyecto que buscaba ayudar a puertorriqueños y filipinos a superar sus limitaciones (raciales, políticas y culturales) y transformarse en pueblos capaces para la  democracia y el autogobierno.  Sin embargo, el significado de estos conceptos estaba determinado por las estructuras culturales preexistentes de las autoridades coloniales. En otras palabras, eran los  norteamericanos quienes definían y establecían los límites de la democracia y el autogobierno que los filipinos debían aprender. Tales definiciones y límites estaban basados en los esquemas culturales y raciales de los oficiales coloniales.

El análisis de periodo de gobierno militar en Puerto Rico es otro elemento valioso de este libro.  Durante los primeros años de control norteamericano, los puertorriqueños fueron gobernados por los militares estadounidenses.  Este fue un importante periodo de transición que Go analiza de forma novedosa, enfatizando las acciones de los puertorriqueños y, en especial, los errores cometidos en perjuicio de sus aspiraciones políticas frente a la metrópoli. El autor presta mucha atención a la corrupción, la violencia política y los abusos de poder cometidos por la elite puertorriqueña en los primeros meses de dominio estadounidense.  La elite puertorriqueña defendía la concesión de la estadidad para la isla, pero presa de sus esquemas políticos –especialmente el partidismo– cometió una especie de suicidio político al insistir en prácticas que rechazaban los nuevos amos coloniales.  El comportamiento de la elite, según Go, jugó un papel muy importante en la actitud de los norteamericanos para con las aspiraciones políticas de los puertorriqueños.

El enfoque y análisis de Go del gobierno militar rompe, definitivamente, con las explicaciones tradicionales que enfatizan las acciones de los norteamericanos.  Por el contrario, Go pone la mirada en las acciones de la elite puertorriqueña (Partido Federal) y su efecto sobre la actitud y acciones de los estadounidenses.  Estos últimos reaccionaron a la corrupción partidista del Partido Federal retomando control de los gobiernos municipales, derogando el Gabinete Autonómico, fomentando el bipartidismo por medio del Partido Republicano y reorganizando los distritos electorales.  Sin embargo, al reconocer tanta “agencialidad” (agency) en el sujeto colonial –cosa por demás meritoria–, se pierde de vista al poder colonial, encarnado en sus agentes políticos y militares.  Independientemente de lo que hicieran o dejaran de hacer los locales, los colonizadores tenían sus prejuicios raciales, políticos e ideológicos.  Además, los oficiales estadounidenses eran parte de un proyecto colonial –claramente delineado por Go.  Por último, a la luz de la historiografía existente se podría alegar que, contrario a lo que plantea Go, los puertorriqueños no habrían tenido mayor margen de negociación con la nueva metrópoli.

Proclama del General Nelson A. Miles

Otro problema con este libro es la poca atención que le brinda Go al desarrollo histórico de las relaciones de los Estados Unidos con su colonia más cercana y familiar: Puerto Rico.  Da la impresión de que éstas comenzaron justo en 1898, cuando la realidad histórica es que la isla y su nueva metrópoli mantuvieron una relación cada vez más estrecha a lo largo del siglo XIX.  ¿Cuánto impactó ese trasfondo histórico la actitud de la “elite” puertorriqueña ante los nuevos señores coloniales?

Finalmente, debemos confesar que este no es un libro de lectura y comprensión fácil. Por el contrario, es una obra compleja cuya principal falla es que su construcción está basada en un concepto que el autor no deja del todo claro: elite.  Go define elite como los más ricos, los más educados y aquellos con el mayor poder político y económico en sus respectivas sociedades, pero no profundiza en el tema, lo que constituye una gran falla.  ¿Quiénes componían estas elites coloniales?  ¿De dónde provenía su poder? ¿Qué mecanismos usaban en el mantenimiento de su hegemonía?  Estas son preguntas que Go no contesta o contesta a medias.  En el caso de Puerto Rico, Go iguala elite local con los hacendados cafetaleros agrupados alrededor del Partido Autonomista, primero, y luego del Partido Federal.  Pero, ¿cuán real era el poder político y, sobre todo, económico de la “elite” en la sociedad puertorriqueña de finales del siglo XIX?  ¿Qué papel jugaron los  importantes sectores azucareros y comerciales en los primeros años de dominio norteamericano?

En conclusión, este libro es un intento meritorio de análisis comparativo del impacto del colonialismo norteamericano en las Filipinas y Puerto Rico que a mi juicio podrá inspirar a historiadores de ambas regiones a profundizar en la sugerente propuesta teórica de su autor.

 Norberto Barreto Velázquez, Ph.D.

NOTA: Esta reseña fue publicada en H-LatAm, H-Net Reviews el 17 de abril de 2011.

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