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Archive for 21 mayo 2011

El Dr. Richard J. Walter, profesor de historia latinoamericana en la Washington University (St. Louis), acaba de publicar un interesante libro titulado Peru and the United States, 1960-1975: How Theirs Ambassadors Managed Foreign Relations in a Turbulent Era (University Park, Pennsylvania State University Press, 2010, ISBN: 9780271036311). La obra de Walter examina el desarrollo de las relaciones peruano-norteamericanas de forma novedosa, ya que no se limita al tradicional examen de las acciones de los “policy-makers”, enfatizando el papel jugado por los embajadores, tanto del Perú como de los Estados Unidos.El objetivo del autor es presentar una imagen más balanceada de las relaciones peruano-estadounidenses durante lo que él denomina como un periodo turbulento.

El análisis de Walter parte de un planteamiento categórico: “Peru has rarely been a top priority or concern for the United States in formulating its overall policies toward Latin America.” (“Perú rara vez ha sido una prioridad o una gran preocupación en la formulación de la política latinoamericana de los Estados Unidos”. Página 2.) A pesar de la dureza de su planteamiento inicial, el autor reconoce que los años 1960 a 1975 son una excepción porque durante ese periodo Perú captó la atención de los Estados Unidos por varios factores: el golpe de estado de 1962 contra el Presidente Manuel Prado, la campaña anti-guerrillera de 1965-1966, el periodo de gobierno militar (1968-1975) y el tema de la expropiación de la International Petroleum Company (IPC). Estos factores se combinaron para convertir este periodo en uno muy especial en las relaciones del Perú y los Estados Unidos.

El objetivo principal de Walter es examinar el papel que jugaron los embajadores de ambos países durante esos veinticinco años dentro de un amplio contexto económico, político y diplomático. Para ello examina documentación contenida por diversos archivos y bibliotecas presidenciales en los Estados Unidos, así como también la correspondencia y despachos de los embajadores peruanos depositada en los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú.

Entre 1963 y 1975, la embajada de los Estados Unidos en el Perú estuvo ocupada por John Wesley Jones (1963-1968), Taylor G. Belcher (1969-1974) y Robert W. Dean (1977-1977). En general, Walter les presenta como oficiales bien intencionados e interesados en mejorar las relaciones de su país y la república peruana. Sus comentarios y sugerencias no siempre fueron atendidos por presidentes y oficiales diplomáticos más preocupados en proteger los intereses de corporaciones norteamericanas que entender las aspiraciones nacionalistas peruanas. Un buen ejemplo es el trabajo de John Wesley Jones buscando llegar a compromisos entre el gobierno de Fernando Belaúnde Terry y la administración Johnson sobre el tema de la IPC. Jones desarrolló una muy buen relación con Belaúnde y buscó que Washington le apoyara, pero no pudo combatir la imagen negativa que los funcionarios norteamericanos –incluyendo al propio Presidente Lyndon B. Johnson (LBJ)– tenían del presidente peruano, a quien consideraban un soñador poco comprometido con la lucha anticomunista.

Fernando Berckemeyer

En este mismo periodo la embajada peruana en Washington estuvo ocupada por Fernando Berckemeyer (1960-1963 y 1968-1974), Celso Pastor de la Torre (1963-1968) y el Almirante José Arce Larco (1974).Los embajadores peruanos no tenían el poder ni el acceso directo a las fuentes de poder en Washington como el que disfrutaban sus homólogos estadounidenses en Lima. Eso no significó que no hicieran una gran esfuerzo por adelantar y defender los intereses y reivindicaciones de su país.

Al analizar el papel histórico de los embajadores norteamericanos y peruanos, Walter hace planteamientos muy interesantes sobre el desarrollo de la política exterior de los Estados Unidos para el Perú desde el golpe de estado de 1962 hasta el gobierno militar. Algunas de sus observaciones merecen ser comentadas.

El tema de la IPC es uno omnipresente a largo de casi todo el libro. El poder y arrogancia de esta corporación norteamericana era causa de un fuerte nacionalismo entre los peruanos que los estadounidenses fueron incapaces de entender o valorar. Preocupados por defender los intereses de una corporación norteamericana, los oficiales estadounidenses enfrentaron las aspiraciones nacionalistas del gobierno peruano, adoptando lo que podríamos denominar como una guerra económica no declarada. Esta guerra estuvo caracterizada por el cese de la ayuda económica que recibía el gobierno peruano de parte de los Estados Unidos y del bloqueo de préstamos internacionales. En otras palabras, el gobierno estadounidense hizo uso de la llamada diplomacia del dólar, pero escondida en una retórica de conciliación.

De acuerdo con el autor, la presidencia de Belaúnde estuvo marcada desde sus comienzos por los problemas con la administración Johnson

Fernando Belaúnde Terry

provocados por el tema de la IPC. Según Walter, este asunto “would burden Belaúnde throughout his term, finally contributing significantly to break the back of his presidency.” (38) El presidente Johnson quería el éxito de Belaúnde, pero si la actitud peruana con relación a la IPC prevalecía no habría otra alternativa que aplicar la famosa enmienda Hickenlooper que cortaba la ayuda económica estadounidense a países que confiscaran de propiedades norteamericanas. Aunque con ello se radicalizara a los moderados y aumentara así el sentimiento nacionalista en el Perú. Los norteamericanos temían que el posible éxito peruano en la confiscación de la IPC provocara acciones similares en otros países latinoamericanos. La solución fue retener la ayuda económica –préstamos– para que el gobierno de Belaúnde que tomara acciones confiscatorias contra la IPC.

Walter plantea que las acciones de la administración Johnson contra Belaúnde fueron paradójicas y contradictorias porque el líder peruano era un reformista democrático inteligente, carismático y progresista, que encajaba muy bien dentro del ideal de la Alianza para el Progreso, creada por Washington para combatir los efectos de la Revolución Cubana. A pesar de que Belaúnde no era un radical, Washington se mostró más preocupado en defender los intereses de la IPC que en “support Belaúnde´s reform agenda.” (139) El bloqueo de la ayuda económica norteamericana le hizo mucho daño a Belaúnde y contribuyó al fracaso de sus planes reformistas. En palabras de Walter,

“One could argue that withholding of U.S. assistance was of little overall consequence in the larger scheme. However, while the amounts withheld might been relatively small, they could have gone to development projects with significant impact. Moreover, the perception was also important. The United States seemed to be singling out Peru for special punitive treatment over the IPC issue, a policy that not only exacerbated Peruvian resentment and nationalistic reaction but also made Belaúnde´s position ever more precarious.” (141)

Walter concluye que la política de los EEUU para Belaúnde fue “a colossal failure” que ayudó a debilitarle, promovió su caída y llevó al establecimiento de un gobierno militar que nacionalizó la IPC y asumió “a diplomatic posture that at least initially seemed to threaten a serious break in what traditionally had been a rather close relationship between the two nations.” (140) Aunque reconoce el peso de los EEUU en la caída de Belaúnde, Walter también plantea que las reformas del presidente peruano enfrentaban obstáculos internos que hubieran dificultado su ejecución independientemente de cuál fuese la política estadounidense.

Según el autor, el régimen militar que se estableció en Perú tras el derrocamiento de Belaúnde fue “a puzzle and a challenge” para el gobierno de los Estados Unidos. Para los oficiales estadounidenses, un gobierno militar que expropiaba compañías estadounidenses, iniciaba una reforma agraria y se acercaba a países como la Unión Soviética, China y Cuba no era algo fácil de asimilar ni de enfrentar. En situaciones normales, tales acciones habrían provocado la intervención de los EEUU para remover un gobierno poco amistoso. Para ello se habría recurrido a las fuerzas armadas locales y ahí estaba dilema peruano: en Perú eran las fuerzas armadas las que llevaban a cabo las políticas que los estadounidenses habrían querido poner fin.

Juan Velasco Alvarado

El gobierno de Juan Velasco Alvarado coincidió con el inicio de la presidencia de Richard M. Nixon, cuya política hacia el régimen militar no fue muy diferente a la de Johnson para con el gobierno Belaunde. El gobierno de Nixon reaccionó a las expropiaciones llevadas a cabo por Velasco reteniendo la ayuda económica que recibía el Perú de parte de los Estados Unidos y bloqueando la concesión de préstamos por organismos internacionales. Igual que la administración Johnson, Nixon puso en práctica sanciones económicas que eran negadas oficialmente.

A pesar de la provocaciones del gobierno de Velasco, la administración Nixon mostró su desagrado, “but usually reacted with relative restrain.” (309) El contexto regional benefició a los militares peruanos en su relación con los Estados Unidos, ya que la atención de Nixon y Henry Kissinger se enfocó en el Chile de Allende. Además, Perú se vio, hasta cierto punto, aislado entre dos regímenes de derecha (Chile y Brasil), “dampened any aspirations the Peruvian military regime might have to lead an anti-U.S.-Latin American bloc.” (309)

Walter concluye que, la gran falla de los “policy-makers” estadounidenses estuvo en subestimar el papel jugado por el nacionalismo peruano en la disputa sobre la IPC. Los embajadores estadounidenses (Jones y Belcher) buscaron, infructuosamente, hacer entender a Washington la fuerza del nacionalismo peruano y cómo podía complicar las relaciones entre ambos países. De ahí que sugirieran pragmatismo y flexibilidad, pero en el contexto de la guerra fría “nationalism was too often conjoined with communism, ignoring the broad appeal of the former and the limited appeal of the latter.” (314)

El autor incluye en su conclusión con una interesante reflexión sobre la dimensión real de las relaciones peruano-estadounidense. Walter plantea que además de los conflictos y las diferencias, se desarrolló una relación “less official and perhaps more lasting and more influential” (“menos oficial y tal vez más duradera e influyente” 315) a nivel cultural. El autor enumera los factores que le hacen llegar a tal conclusión

  1. Las abundantes referencias a la vida de celebridades estadounidenses en publicaciones como Caretas, El comercio y La prensa.
  2. La presencia dominante de las películas de Hollywood en el mercado peruano, a pesar del “comeback” del cine europeo de la posguerra.
  3. La influencia de los programas de televisión norteamericanos “added to cultural mix and helped create or perpetuate visions, both good and bad, of life north of the Rio Grande.” (315)
  4. La influencia del rock and roll y de la música popular estadounidense, especialmente, el jazz.
  5. El hecho de que el 50% de los libros, revistas y periódicos importados al Perú provenían de los EEUU.
  6. La circulación en Perú de traducciones al español de autores estadounidenses como John Steinbeck, Ernest Hemingway y William Faulkner.
  7. La circulación de la edición traducida de revistas estadounidenses como Time.
  8. El hecho de que el inglés era el idioma extranjero de mayor estudio en el Perú. Prueba de ello la presencia del Peruvian-North American Cultural Institute en el centro de Lima, donde se ofrecían cursos de inglés y se contaba una biblioteca de libros en inglés. Walter también menciona que la United States Information Agency (USIA) estableció una biblioteca en Lima y también ofrecía cursos de inglés.
  9. La cantidad creciente de peruanos –de clase media– que visitaban los Estados Unidos, y viceversa.
  10. La presencia de los Cuerpos de Paz en el Perú antes de su expulsión en 1974.
  11. La presencia creciente de grupos misioneros estadounidenses en la Amazonía peruana.
  12. La visita al Perú de “distinguished U. S. citizens” como Robert Kennedy, Earl Warren, Richard Lindbergh, los astronautas de las misiones Apollo y la esposa del Presidente Nixon. (317 11. La existencia de programas de intercambio como el del American Institute for Free Labor Development (AIFLD).
  13. El aumento el número de estudiantes peruanos estudiando en universidades norteamericanas (464 en 1963, 1,474 en 1975).
  14. El hecho de que el “boom” en los estudios latinoamericanos que provocó la Revolución Cubana en los EEUU significó un creciente interés en el estudio del Perú.
  15. El aumento en el número de peruanos residentes en los EEUU; primero, miembros de las clases alta y media huyendo del gobierno de Velasco; luego, miembros de las clases huyendo del deterioro económico del Perú. Creció de 7,201 en 1960 a 55,496 en 1980.

Debo confesar que esta lista me causó una gran impresión, ya que cada uno de estos temas podría ser material de investigación académica. La lista de Walter deja claro que es posible desarrollar una escuela historiográfica peruana de estudios de las relaciones de Perú y los Estados Unidos. Espero estar equivocado, pero mi impresión tras tres años de residencia en el Perú, es que estos temas no son atendidos por mis colegas peruanos, a pesar de su innegable importancia.

Walter cierra su libro planteando que a pesar de los factores culturales antes mencionados, el mayor vínculo entre los Estados Unidos y Perú seguía siendo económico. A pesar de los problemas con las expropiaciones y de la búsqueda peruana por nuevos mercados, los Estados Unidos se mantuvieron como el principal socio comercial del Perú, ya que controlaban un tercio de sus importaciones y exportaciones. Además, la presencia del capital estadounidense ascendió de $446 millones en 1960 a $1.2 mil millones en 1975, más de la mitad de ese capital estaba invertido en el sector minero. Otro factor de importancia era la influencia de la comunidad de hombres de negocios norteamericanos residentes en Lima, quienes tenían su propio periódico, el Andean Times. Por último, este periodo fue testigo de la aumento de la influencia “of American-made products on the growing mass consumer-oriented market”. (320)

Este es un libro muy valioso por cuatro razones. Primero, porque Walter evita un enfoque tradicional al integrar en su libro los puntos de vistas peruano y norteamericano. Su objetivo es claro: mostrarnos los dos lados de esta historia, y lo logra. Segundo, porque el autor rescata del olvido el importante papel que jugaron los embajadores norteamericanos y peruanos durante uno de los periodos más escabrosos en las relaciones del Perú y los Estados Unidos. Tercero, porque Walter hace uso de un impresionante conjunto de fuentes primarias tanto peruanas como norteamericanas. Cuarto, porque esta obra subraya la necesidad de que la historiografía peruana preste más atención al desarrollo de las relaciones del Perú con los Estados Unidos, país de una innegable influencia e importancia política, económica y cultural en la historia peruana.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, 21 de mayo de 2011

NOTA: Todas las traducciones son mías.

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