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Archive for 17 agosto 2011

El Tea Party se ha convertido en uno de los fenómenos políticos más importantes de la historia de los Estados Unidos. De ahí la gran cantidad de artículos y ensayos tratando de entenderle y de precisar cuál será su influencia en las elecciones presidencias del 2012. La edición de17 de agosto de 2011 del New York Times publica un artículo que va precisamente en ese sentido y cuyos argumentos me parecieron muy valiosos. Escrito por David E. Campbell y Robert D. Putnam, “Crashing the Tea Party” analiza cuál podría ser el efecto político para el Partido Republicano de seguir atado al Tea Party.  Campbell es profesor de ciencias políticas en la Universidad Notre Dame y Putnam es profesor de política pública en la John F. Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard.

Los autores plantean que los norteamericanos muestran una clara tendencia hacia el conservadurismo fiscal, es decir, a favor de un gobierno más pequeño, opuestos a la redistribución del ingreso y en contra de que el gobierno ayude a los pobres (tarea que debía estar en manos de las “private charities”).  Aquí creo que Putnam y Campbell caen en el común error de la academia norteamericana de no reconocer que hay más de un tipo de norteamericano. ¿Quiénes son los norteamericanos que caen dentro del patrón señalado por los autores? ¿Los afroamericanos educados y de clase media? ¿Los afroamericanos pobres y golpeados severamente por la crisis económica? ¿Los cubanos de Florida? ¿Los chicanos de Arizona? ¿Los blancos pobres? ¿Blancos del sur? ¿Blancos del noreste? ¿Blancos del Midwest?

Lo interesante, según los autores, es que a pesar de esta tendencia conservadora de la sociedad estadounidense, la antipatía hacía el Tea Party ha aumentado notablemente. Para justificar este planteamiento, Campbell y Putnam recurren a dos encuestasdel New York Time y CBS News. En la primera encuesta, celebrada en abril del 2010, el 18% de los encustados tenía una opinión desfavorable del Tea Party, el 21% tenían una opinión favorable y el 46% no opinaba. Catorce meses más tarde la segunda encuesta  demuestra que la simpatía por el Tea Party bajó a 20% mientras el rechazo creció hasta alcanzar el 40%.  Explicar por qué ocurre esto es el objetivo principal de este corto ensayo.

En su búsqueda repuestas, Campbell y Putnam llevan a cabo una revaluación crítica del Tea Party que me resultó muy pertinente.  En primer lugar, es necesario señalar que los planteamientos de los autores están basados en una serie de entrevistas realizadas en el verano norteamericano a un grupo representativo de 3,000 personas.

Lo primero que cuestionan los autores es la alegada inocencia política  de los miembros del Tea Party. Contrario a lo que se no has hecho crear, los simpatizantes del Tea Party no son un grupo de neófitos apolíticos forzados a entrar a la política por las circunstancias socioeconómicas. Según los autores, los simpatizantes del Tea Party estaban políticamente activos muchos antes de que este movimiento naciera. Además, muchos de ellos eran miembros activos del Partido Republicano.

En segundo lugar, los autores niegan que el Tea Party sea un producto de la recesión económica. Según Campbell y Putnam, quienes apoyan al Tea Party no pertenecen a los grupos sociales que más han sufrido las consecuencias de la crisis económica que vive la nación estadounidense. Desafortunadamente, los autores no profundizan con relación a este importante tema.

Interesantemente, los autores también cuestionan que el tamaño del gobierno sea otra factor de importancia detrás de los seguidores del Tea Party.

Una vez desmitificado el Tea Party, Campbell y Putnam identifican las cosas en común que tienen sus simpatizantes. En primer lugar y para sorpresa de nadie, son mayoritariamente blancos. Éstos compartían una opinión muy mala tanto inmigrantes como de afroamericanos mucho antes de que Barack Obama llegara a la Casa Blanca, y la sigue teniendo. En este punto me parece que los autores son bastante cuidadosos de no acusar directamente a los miembros del Tea Party de algo que me parece evidente: racismo. Sin el tema racial es imposible entender a este movimiento que, en parte, fue activado por la elección de un negro a la Presidencia.

El conservadurismo es otro elemento común entre los simpatizantes del Tea Party. Los autores mencionan el rechazo del aborto como un elemento fundamental de este movimiento. Este tema lleva a Campbell y Putnam al punto que querían llegar: la religión. Si algo identifica a los miembros del Tea Party es su mezcla de religión y política. Éstos consideran imprescindible que la religión juegue un papel más importante en la política norteamericana.  En su visión, Estados Unidos es un país que se ha olvidado de Dios y está pagando por ello. De ahí los exabruptos religiosos de una Michele Bachman y los llamadas a la oración del Gobernador de Texas Rick Perry. Esto también explica los fuertes vínculos de este movimiento con la derecha cristiana de los Estados Unidos.

Según los autores, el tema religioso es fundamental para entender el aumento en la oposición al Tea Party. Putnam y Campbell alegan que la mayoría de los estadounidenses son cada vez más conservadores económicamente hablando, pero a la vez se han ido alejando de la idea de mezclar política y religión.  En otras palabras, el fanatismo religioso es el talón de Aquiles del Tea Party –y de los Republicanos por asociación.

Los autores cierran su ensayo con un planteamiento categórico: los Republicanos arriesgan mucho al unir su destino con el del Tea Party, pues les podría pasar lo que le ocurrió a George S. McGovern –candidato a la presidencia por el Partido Demócrata en 1972– a quien el apoyo estridente de los pacifistas que se oponían a la guerra de Vietnam le costó el apoyo de los moderados y, por ende, la elección.

Habrá que esperar para ver si, como plantean Campbell y Putnam, el Tea Party termina siendo víctima de su fanatismo religioso. Crucemos los dedos.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

17 de agosto de 2011

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A mediados de abril de 1961, un grupo de exiliados cubanos armados y entrenados por el gobierno de los Estados Unidos desembarcaron en Cuba con la intención de derrocar el gobierno revolucionario cubano. La famosa invasión de Bahía de Cochinos es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes fiascos de la  guerra fría. Mucho se ha escrito y comentado sobre este singular evento. Hoy, cincuenta años después, contamos con una nueva interpretación con una valor muy especial, ya que fue escrita por los historiadores de la oficina que tuvo en sus manos la planificación y ejecución de la invasión, la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

La Freedom of Information Act es una ley estadounidense que capacita a ciudadanos norteamericanos a requerir del gobierno de Estados Unidos la revelación total o parcial de documentos e información bajo su poder. Amparado en esta ley,  el National Security Archive –un instituto de investigación ubicado en la George Washington University– logró que la CIA hiciera público  la Official History of Bay of Pigs Operation.

Invasores capturados por las fuerzas revolucionarias cubanas

Esta historia –redactada por Jack Peiffer, historiador oficial de la CIA–  revela que la invasión fue un fracaso mayor de lo que hasta ahora sabíamos. Entre otras cosas, deja claro que incapaces de distinguir entre los aviones de la fuerza aérea  cubana y los de la CIA, los invasores dispararon contra su apoyo aéreo. Otro dato interesante es el uso de fondos destinados para la invasión para contratar sicarios profesionales para que asesinaran a Fidel Castro. La participación directa de estadounidenses en la invasión es otro tema relevante. Según esta historia, cuatro pilotos norteamericanos murieron en Bahía de Cochinos, pero no fue hasta 1976 que  recibieron medallas   póstumas por sus servicios.

Me parece indiscutible que esta versión oficial abonará al análisis de un momento cumbre de la guerra fría.

            Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, Perú, 15 de agosto de 2011

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Llega a mis manos otra aportación de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos de Universidad de Buenos Aires (UBA) al estudio de la historia estadounidense. En esta ocasión se trata de un pequeño, pero muy especial  libro:  Hollywood, ideología y consenso en la historia de Estados Unidos (Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires: Editorial Maipue, 2010). Editado por el Dr. Fabio Nigra, Hollywood, ideología y consenso es el producto de un proyecto de investigación titulado “Hollywood como historiador. La fórmula norteamericana para generar consenso  de a  través del cine” (7) en el que participaron investigadores relacionados, directa e indirectamente, con la Cátedra de  Historia de Estados Unidos de la UBA.

En la introducción de esta obra se nos informa que el objetivo de este proyecto era examinar películas relacionadas con la historia norteamericana, producidas por los grandes estudios de Hollywood para determinar su papel ideológico-cultural. De ahí que los ensayos que componen este libro partan de dos hipótesis comunes: primero, que los filmes examinados por los investigadores no tienen sólo una finalidad comercial, sino que también “transmiten un mensaje de fuerte impronta ideológica”; (7) segundo, que todas las películas analizadas  buscan construir o generar consenso a nivel doméstico en los Estados Unidos, para luego expórtale al exterior.

Los ensayos que componen esta obra –y el proyecto de investigación del que son resultado–  se colocan dentro de la corriente historiográfica  de la Historia contextual del cine. Esta corriente, asociada a figuras como Marc Ferro, Robert Rosenstone y Pierre Sorlin, plantea el uso de cine como herramienta para estudiar la historia. En otras palabras, las películas no sólo reflejan el pasado, sino que también pueden hablar sobre el pasado.  De acuerdo a los creadores de esta colección de ensayos,

 […] la Historia expresada a través del cine puede ser leída como un discurso que posee sus particularidades, pero también sostenemos que gracias a la fuerza de la imagen,  el género cinematográfico logra producir un registro profundo en el espectador. (8)

 Los filmes no son obras inocentes, sino productos culturales y discursivos que, por su influencia e impacto sobre el espectador, pueden ser usadas como herramientas ideológicas y políticas.

Los autores se concentran en el impacto de Hollywood en la creación de consensos en la sociedad norteamericana. Según éstos, el cine “logra, de alguna forma, altos niveles  de consenso en las particularidades ideológicas del mensaje que se encuentra detrás de la historia narrada en su capa más superficial.” (8) Lo que no se deja claro en esta introducción es por qué era necesaria la construcción del  consenso que tanto enfatiza. No se nos dice si jugaba un papel de cohesión nacional o de justificación de las acciones internacionales de Estados Unidos en el siglo XX. Preguntas que espero sean contestadas por los trabajos que componen esta libro.

Hollywood, ideología y consenso está compuesto por ocho ensayos. Los dos primeros son de la autoría del editor del libro, el Dr. Nigra, y en ellos se atiende los elementos teóricos que dan base a los demás ensayos que contiene el libro. El tercer ensayo, de Gilda Bevilacqua, trabaja el tema racial durante la guerra de civil estadounidense a través de examen de la película de Martin Scorsese Gangas de Nueva York (2002).  En el cuarto ensayo, Mariana Piccinelli enfoca el  Destino Manifiesto en el film El Álamo (2004). La película sobre el líder obrero Jimmy Hoffa dirigida por Danny DeVito  y protagonizada por Jack Nicholson (Hoffa, 1992) es estudiada por Anabella Forte en el quinto ensayo. El próximo trabajo, escrito por Leandro Della Molla, examina el tema racial  en la obra de Spike Lee Malcom X (1992). En el séptimo ensayo, Florencia Dadamo estudia la representación fílmica de la guerra de Vietnam a través de un clásico, Las Boinas Verdes (1968). El análisis de Charlie Wilson´s War (2007) le permite a  Valeria L. Carbone examinar el importantísimo tema de la invasión soviética de Afganistán. Por último, Augusto Fiamango le dedica el último trabajo de esta colección a uno de los grandes héroes norteamericanos y su lucha contra el “imperio del mal”: Rocky Balboa.  La selección de filmes y temas es muy amplia e interesante. Sin embargo, no pude dejar de echar de menos temas  cruciales como la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.

Debo reconocer que este es un tema que me resulta muy interesante, pues también creó que las películas no son productos inocentes de la cultura del entretenimiento. Es por ello que reseñaré de forma individual  algunos de los ensayos que componen este trabajo. No por ello debo dejar de agradecer –nuevamente– a los integrantes y directivos de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos por otra aportación al estudio de la historia estadounidense.

Norberto Barreto Velázquez, PhD

Lima, 15 de agosto de 2011

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