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Archive for 14 junio 2016

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Acabo de descubrir, casi por accidente, Presidential, un podcast del Washington Post dedicado a explorar la personalidad y el legado de los cuarenta y cuatro individuos que han sido presidentes de Estados Unidos. Su presentadora, Lilliam Cunningham, entrevista a periodistas como Bob Woodward y a historiadores como David McCullough, buscando entender el papel que los presidentes han jugado en el desarrollo histórico estadounidense. Presidential arrancó el 5 de enero de 2016 con un programa dedicado a George Washington y culminará el 30 de octubre con un episodio dedicado a Barack Obama. Este podcast es una forma amena e interesante de entender la historia de Estados Unidos a través del análisis de la vida y obra de quienes han tenido la gran responsabilidad de ser sus máximos dirigentes.

 

Para oír el programa dedicado a Washington ir aquí.

 

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Conferencia dictada en la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú, 7 de junio de 2016

Con un estilo y discurso transgresores, Bernie Sanders ha impactado el desarrollo de la campaña electoral estadounidense. El autoproclamado líder socialista ha identificado y criticado duramente las contradicciones del sistema político y económico de Estados Unidos, generando un fuerte apoyo entre sectores, principalmente blancos y jóvenes, cansados y frustrados con la creciente desigualdad, la concentración de la riqueza, la corrupción, etc. Aún está por verse los efectos que a corto y a largo plazo tendrá su campaña en la sociedad estadounidense.

El que su condición de socialista confeso no haya afectado negativamente su campaña, ha llamado la atención de los analistas políticos y resucitado el interés por el papel del socialismo en la historia de Estados Unidos. Al hablar del socialismo en los Estados Unidos nos enfrentamos a tres interrogantes básicas: primero, ¿por qué no se desarrolló un socialismo exitoso en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX?; segundo, ¿por qué los trabajadores de la principal nación capitalista del siglo XX no desarrollaron conciencia de clase?; tercero, ¿por qué no ha existido en Estados Unidos un partido de los trabajadores capaz de retar al poder político y económico?

Diversos académicos y pensadores, estadounidenses y europeos, han buscado resolver estos interrogantes: Engels, Trotsky, Weber, Gramsci, Frederick Jackson Turner, William Appleman Williams, Eric Foner, Irving Howe, Sean Wiletz, Seymour Martin Lipset, Nick Salvatore, Werner Sombart, entre otros. Aunque éstos han elaborado una variedad de interesante de explicaciones, es necesario reconocer que no existe una repuesta definitiva al poco éxito del socialismo en Estados Unidos, y que tal vez nunca la haya. Por eso esta tarde me propongo compartir con ustedes un análisis general y algo esquemático, que pretende recoger las diversas explicaciones dadas al tema que nos convoca. Mi objetivo no es resolver un problema que otros más capaces no han podido, sino abrir un diálogo.

Lo primero que debo hacer es reconocer que en las primeras décadas del siglo XX, existió en Estados Unidos una izquierda significativa compuesta por populistas, anarquistas, feministas, socialistas cristianos, sindicalistas, intelectuales, fallidos revolucionarios europeos, Wobblies, etc. Éstos se nutrieron de la tradición y la historia de sus camaradas europeos, generaron espacios políticos de importancia y fueron víctimas de la represión de los años de la primera guerra mundial (1917-1921). Basta mencionar el 6% de los votos populares que recibió Eugene Debs en las elecciones generales de 1912. También es justo recordar la aportación intelectual y cultural de izquierda. A nivel internacional la izquierda estadounidense destacó luchando en la Brigada Lincoln contra el fascismo y promoviendo el desarrollo de los movimientos pacifistas.

 

Sin embargo, esto no es suficiente como para negar el hecho indiscutible de que, en contra de lo que el marxismo clásico había pronosticado, no se desarrolló en Estados Unidos un movimiento socialista exitoso. La revolución socialista no se desató en el centro del capitalismo como había vaticinado Marx, sino en su periferia. Esto conllevó un serio problema para los marxistas, ya que constituía una contradicción del marxismo que cuestionaba su validez. Por ello no debe sorprender que importantes figuras marxistas trataran de explicar esta situación.

Veamos ahora algunas de las explicaciones dadas al fracaso del socialismo en Estados Unidos. Comencemos con los factores culturales. Esta explicación está asociada directamente al concepto del excepcionalismo estadounidense, pues se ha querido ver la debilidad del socialismo y de la clase obrera como manifestaciones o confirmaciones de éste. En este sentido se ha planteado que el carácter excepcional, es decir único y superior, de la sociedad estadounidense bloqueó el avance del socialismo. La ausencia de un pasado feudal y el carácter de nación puramente burguesa -sin pasado mercantilista, ni nobleza, ni control de la Iglesia- dieron forma a un sistema de valores y a una ideología: el americanismo. Ser “americano” no se define en términos geográficos o históricos, sino ideológicos. Ser “americano” es compartir acríticamente un grupo de ideas: individualismo, “laissez-faire”, anti-estatismo, populismo e igualitarismo. En otras palabras, ser americano es una religión excluyente. De ahí que quienes violan sus preceptos sean tachados como “un-American”.

En consecuencia, los estadounidenses han desarrollado lo que el historiador Morris Berman identifica como una “identidad negativa”.  Según él, desde el periodo colonial, los Estadounidenses han desarrollado una identidad nacional a partir de lo que no son, siempre en rechazo de otra cosa, por ejemplo, el Viejo Mundo, la nobleza, etc. El problema con este tipo de identidad, subraya Berman, es que no permite ver qué realmente eres; no permite tomar conciencia. Esta ideología-religión secular se fundamenta en el rechazo a la disensión camuflado de patriotismo (un americano de verdad no critica a su país y menos en tiempos de guerra); en un fuerte sentido de misión divina, de una necesidad de propagar por el mundo la democracia y las bendiciones de la sociedad norteamericana (de hacer cumplir la voluntad de Dios); en el desarrollo de una identidad nacional que no está basada en un historia común, sino en un compromiso moral y religioso con el país; en una visión maniquea que reduce la realidad a una lucha entre el bien (los Estados Unidos) y el mal (sus opositores) y en la creencia en la universalidad de los valores y la forma de vida norteamericana. Originada en el siglo XVII por los puritanos creadores de la idea de ciudad sobre una colina, esta religión secular ha evolucionado a lo largo de la historia norteamericana.

Los valores que definen ser “americano”, especialmente el anti-estatismo y el individualismo, afectaron negativamente el atractivo del socialismo entre las masas de trabajadores estadounidenses. Las sospechas sobre el Estado y el rechazo al poder tiránico tienen un origen histórico. La Revolución se peleó contra un estado tiránico, la Declaración de Independencia implica que hay que desconfiar del Estado y la Constitución se diseñó para evitar un estado fuerte (división de poderes).

Los límites del sistema político partidista estadounidense han sido usados para explicar el problema que analizamos hoy. Según los propulsores de esta explicación, el sistema político estadounidense está diseñado para favorecer el bipartidismo dominado por los Republicanos y Demócratas porque induce a los votantes a optar por el mal menor. En vez de votar por el candidato de su selección con limitadas posibilidades de ser electo, los electores prefieren votar por uno que sí pueda ganar. Históricamente, el sistema ha limitado las posibilidades de éxitos para terceros partidos, entre ellos el Partido Socialista. Esta explicación enfrenta un problema: no todos los terceros partidos que han surgido en la historia de Estados Unidos han sido un fracaso. Por ejemplo, en 1912, Teodoro Roosevelt abandonó las filas Republicanas y fundó el Partido Progresista. El llamado Bull Moose Party obtuvo el 27% del voto popular por encima del 23% que obtuvo el Republicano. Gracias al cisma entre los republicanos Woodrow Wilson fue electo Presidente. Ochenta años más tarde, Ross obtuvo el 19% de los votos populares como candidato del Partido Reformista, lo que facilitó la llegada de William J. Clinton a la Casa Blanca. Otros casos meritorios son el de Robert LaFolllette quien en 1924 obtuvo el 16% de los votos como progresista y el de los independientes George Wallace con el 13% en 1968 y John Anderson con 6% en 1980. Sin embargo, es necesario reconocer que en el siglo XX ningún tercer partido logró llegar al poder.

Para algunos analistas la repuesta a los interrogantes que examinamos está en la heterogeneidad religiosa y étnica de la clase trabajadora. Entre 1871 y 1911, entraron a Estados Unidos 20 millones de inmigrantes. La llamada “nueva inmigración” coincide con el despegue económico de los Estados Unidos, y estuvo caracterizada por el arribo de millones de inmigrantes procedentes del sur y el este de Europa, en su mayoría católicos y judíos (griegos, polacos, italianos, rusos, etc.). Sólo en la década de 1880 llegaron unos dos millones de inmigrantes. La inmensa mayoría de éstos llegó huyéndole a la pobreza, al hambre y a la persecución política y/o religiosa.

La inmensa mayoría de los inmigrantes que llegaron a partir de 1880 se establecieron en los centros urbanos. La escasez de tierra disponible, la necesidad de mano de obra en las fábricas, la presencia de comunidades de inmigrantes en las ciudades y el apoyo de instituciones como las iglesias, convirtieron a los centros urbanos en la mejor alternativa de vida para los nuevos inmigrantes. Por ello no debe sorprender a nadie que antes de la primera guerra mundial, la mayoría de los trabajadores eran migrantes.

Entre los inmigrantes, la identidad de clase no pudo superar las diferencias religiosas y étnicas. A éstos les resultaba difícil pensar en términos de clase, apoyar sindicatos y/o involucrarse en política sindical. Además, los partidos políticos tradicionales usaron con éxito la diversidad de la clase trabajadora estadounidense en términos étnicos, religiosos y comunitarios. Demócratas y Republicanos apelaron a los trabajadores basados en la identidad nacional y religiosa de éstos, no en su identidad de clase.

Hay que reconocer que llegaron inmigrantes con trasfondos y experiencias socialistas que jugaron un papel muy importante en el desarrollo del socialismo en Estados Unidos (alemanes, europeos del este, escandinavos, judíos). Sin embargo, la mayoría, seducida por el mayor grado de libertad que disfrutaban y por las mejoras en su estándares de vida, se opuso al socialismo.

Esta última observación nos lleva a enfocar la explicación económica. A pesar de que el crecimiento económico del último cuarto del siglo XIX provocó un aumento en la desigualdad, el nivel de vida que disfrutaban los trabajadores estadounidenses era considerablemente superior que el de los europeos. Se calcula que a principios del siglo XX, los sueldos en Estados Unidos eran el doble que en Gran Bretaña, y el triple que en Italia y España. Además, la sociedad estadounidense desarrolló –gracias a la industrialización– una enorme capacidad para producir bienes baratos de consumo masivo que cautivaron a los trabajadores estadounidenses.

La desigualdad existente tampoco bloqueó las posibilidades de ascenso y movilidad, pues era posible que miembros de las clases bajas, o sus descendientes, pudieran ascender   y alcanzar mejores condiciones de vida.

El igualitarismo fue otro factor que le jugó en contra al socialismo, pues millones de inmigrantes llegaron a una sociedad que daba énfasis a la igualdad de oportunidades, no necesariamente a la igualdad de los resultados. Sin énfasis en valores aristocráticos y trasfondo familiares, en la sociedad estadounidense las diferencias de clase eran más débiles que en Europa, acostumbrada a siglos de distinción de clase y de castas. Por ende, era muy difícil convencer a los estadounidenses de pensar en términos de clase. En conclusión, el socialismo no apelaba porque proponía algo que los estadounidenses sentían que ya tenían: una sociedad democrática, sin clases y anti elitista.

El alegado dogmatismo de los socialistas estadounidenses es otra posible explicación a la debilidad del socialismo en Estados Unidos. Según los defensores de esta explicación, los socialistas estadounidenses eran muy dogmáticos, lo que no les permitió un acercamiento pragmático y de cooperación con los sindicatos, limitando así su crecimiento. Además, la Revolución Rusa y la creación de la Unión Soviética llevaron a un gran sectarismo entre los socialistas estadounidenses que no ayudó al crecimiento del movimiento. Sin embargo, esta explicación no toma en cuenta el conservadurismo que imperaba entre algunos sindicatos y lideres sindicales.

Por último, hay quienes alegan que la represión y la violencia frenaron el potencial del socialismo en Estados Unidos. Debe recordarse que tras la entrada de Estados Unidos a la primera guerra mundial, el gobierno federal mostró poca tolerancia hacia los opositores de la guerra. Se tomaron medidas para restringir la inmigración y fueron aprobadas leyes como la Ley del Espionaje, Sabotaje y Sedición de 1917 para reprimir a los disidentes, entre ellos los socialistas. Ley que sirvió para encarcelar al líder socialista Eugene Debs en 1918.

Una vez finalizada la guerra se desató un periodo de profundo sentimiento anti-comunista que es conocido como el “Red Scare”. Aunque bastante irracional, el “Red Scare” tuvo un origen histórico: la Revolución Rusa. En 1917, los bolcheviques tomaron el poder en Rusia e iniciaron un periodo de revolucionario que daría a la primera república socialista de la historia. Los sucesos en Europa preocuparon a muchos norteamericanos temerosos de que algo similar ocurriera en los Estados Unidos.

El miedo al peligro comunista llevó al gobierno a practicar una serie de redadas. En 1920, el Secretario de Justicia ordenó el arresto de 5,000 personas sospechosas de ser comunistas. Contra la mayoría de estas personas, en su inmensa mayoría trabajadores inmigrantes, existía muy poca o ninguna evidencia de acciones criminales. Aún así, éstos fueron arrestados y se les negó asistencia legal.

El caso de más famoso asociado al “Red Scare” es del de dos inmigrantes anarquistas italianos que fueron acusados de asesinato. Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti fueron acusados, juzgados y encontrados culpables de asalto y homicidio, y sentenciados a muerte a pesar de que la evidencia en su contra no era sustancial. Esto provocó una ola de indignación internacional y a nivel de la sociedad norteamericana. A pesar de los reclamos, las marchas, los piquetes y las protestas, Sacco y Vanzetti fueron ejecutados en 1927.

Aunque es indiscutible reconocer la persecución y represión de que fueron víctimas los socialistas en Estados Unidos, esto no responde del todo los interrogantes que enfrentamos. Los socialistas estadounidense no fueron los únicos en ser reprimidos por el Estado. Otros sufrieron tanta o más represión por pare de sus Estados y, sin embargo, fueron capaces de amenazar e inclusive tomar el poder.

Es necesario concluir que no hay una explicación definitiva a la pregunta del por qué del fracaso del socialismo en Estados Unidos. Sin embargo, sí podemos señalar que las principales teorías apuntan a factores de carácter económico e ideológico-cultural. A pesar de la desigualdad, la riqueza de la sociedad estadounidense permitió que lo niveles de vida de millones de estadounidenses mejorara y que, inclusive, tuviesen opciones de ascenso social. Los estadounidenses sentían en que vivían en una sociedad libre, igualitaria y democrática, por lo que el socialismo no les resultaba atractivo. La ideología predominante –“el americanismo” – fue fundamental en este proceso, funcionando como una religión excluyente, que limitó las posibilidades de otras ideologías para repercutir en la sociedad estadounidense. En otras palabras, los estadounidense sólo pueden adorar a un Dios y ese no ha sido el socialismo.

 

Norberto Barreto Velázquez

Universidad del Pacifico

Barreto_n@up.edu.pe

 

 

 

 

 

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